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Castellanización de niños y niñas aymaras

Pedro Ramos Tancara

La educación en Bolivia, a partir de la Constitución Política del Estado y la Ley 070 “Avelino Siñani – Elizardo Pérez”, reconoce al país como plurinacional, pluricultural y plurilingüe. No obstante, en la práctica pedagógica con niños y niñas aymaras persiste aún un fenómeno histórico: la castellanización.
Este proceso consiste en la imposición del castellano como única lengua de enseñanza en contextos cuya lengua materna es el aymara. Dicha práctica genera una tensión entre el derecho de los estudiantes a aprender en su lengua materna y la necesidad social de acceder al castellano como lengua de interrelación nacional.
En las comunidades aymaras, muchos niños y niñas ingresan a la escuela con el aymara como primera lengua y con escaso o nulo dominio del castellano. Ante esta realidad, algunos maestros y maestras optan por castellanizar de manera inmediata con el objetivo de avanzar en el cumplimiento de los contenidos curriculares.
Esta situación tiene raíces históricas. La discriminación de la que ha sido objeto el aymara ha provocado que algunos estudiantes sientan vergüenza de usar su lengua en el aula. De igual manera, varias familias han dejado de transmitirla en el hogar. Por ello, muchos padres y madres solicitan expresamente que la enseñanza se realice en castellano, al considerarlo clave para el acceso al trabajo, a la educación superior y a la migración a los centros urbanos.
En el ámbito pedagógico, recibir clases en una lengua que no se domina tiene consecuencias directas. Los estudiantes de los niveles Inicial y Primario decodifican palabras sin comprender su significado, lo que se traduce en un bajo rendimiento en las áreas de Lectura, Escritura y Razonamiento Lógico-Matemático.
Frente a ello, la Ley 070 plantea una Educación Intercultural Bilingüe – EIB de carácter intracultural, intercultural y plurilingüe. Esto implica que el proceso pedagógico debe iniciarse en la lengua materna: el aymara, para posteriormente desarrollar el castellano como segunda lengua de forma gradual, aditiva y no sustitutiva.
En conclusión, la castellanización ya no se la puede considerar como la única vía para aprender. Si bien el dominio del castellano es fundamental para la interrelación, su imposición vulnera el derecho lingüístico y cultural de los estudiantes.
El desafío para maestras y maestros en contexto aymara es transitar de la castellanización al bilingüismo. Esto supone planificar desde el aymara, revalorizar los saberes comunitarios, producir materiales en ambas lenguas y sensibilizar a las familias sobre la importancia de mantener la lengua materna.
Solo de esta manera se podrá avanzar hacia una educación descolonizadora, productiva y comunitaria, en la que el niño y la niña aymara no deban negar su origen para poder aprender.

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