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Sincronicidad y psicología

Guiños del universo en la vida cotidiana

Por: Yara Alejandra Calderón Pereyra

De pronto termina la semana y llega el domingo, un espacio para pasar tiempo en familia, ordenar pendientes y descansar. En esos instantes, nuestra mente parece proyectarse al vacío y la ensoñación. Recordamos algo intrascendente o a un amigo al que no vemos hace años. Rememoramos momentos e historias compartidas y se asoma la pregunta: ¿Qué habrá sido de esa persona? Sin darle mayor importancia, nos vamos a dormir.

Al siguiente día, reiniciamos nuestra rutina y nos olvidamos totalmente de los pensamientos de la noche anterior. Sin embargo, como por arte de magia, mientras caminamos aceleradamente a nuestros quehaceres cotidianos, ocurre una casualidad desconcertante, nos encontramos súbitamente con ese mismo amigo al que recordábamos un día antes.

Este tipo de sucesos están llenos de misterio y son manifestaciones de lo imprevisto. Para muchos resultan sorprendentes, y para otros pasan desapercibidos.

Otro escenario posible. Se manifiesta cuando intentamos descifrar, por ejemplo, un malentendido con nuestra pareja y, al subir al transporte público, extrañamente alguien sostiene un libro abierto que muestra una frase o un mensaje que parece estarnos hablando directamente a nosotros, como una reflexión perfecta que encaja con nuestra situación actual.

¿Pero qué clase de fenómeno es este? ¿Casualidad o sincronicidad?

El psicólogo Carl Jung definió la sincronicidad como la coincidencia temporal de dos o más acontecimientos que no están vinculados por una relación de causa y efecto, pero que poseen el mismo significado o un sentido profundo para quien los experimenta.

Jung creía que el universo no opera únicamente bajo leyes físicas estrictas; estaba explicando un lenguaje que conecta el mundo interior de los pensamientos con el mundo exterior de los hechos.

La sincronicidad sugiere que somos algo más que un cuerpo físico; somos una conciencia interconectada con el entramado colectivo y el universo. La intuición funciona como un recordatorio de respuestas que existían incluso antes que nosotros, tal vez a través de la causalidad o de un orden oculto que evidencia que la mente y el mundo material no están separados, sino entrelazados por un orden que se manifiesta en momentos clave de nuestras vidas. El ejemplo clásico es pensar intensamente en alguien y recibir su comunicación de inmediato.

Para aprovechar estos hilos de conexión, es necesario cambiar nuestra perspectiva de pensamiento y prestar atención al entorno, que nos da atisbos o guiños que indican que estamos en el camino correcto, en sintonía con nuestros objetivos o atentos a lecciones necesarias para la evolución personal. Estas “casualidades” no se pueden forzar; ocurren cuando la persona está receptiva y consciente, dejando de lado el piloto automático de la rutina.

La receta consiste en detenernos a escuchar estos breves suspiros de conversación que el universo utiliza para recordarnos nuestra interconexión. Cuando ocurren acontecimientos inesperados que coinciden con precisión, se convierten en señales del cosmos para recordarnos que estamos siendo guiados por el camino correcto.

“Cuando estamos más atentos, filtramos lo que vemos y terminamos viendo aquello de lo que somos conscientes”

Sobre la autora: Es Comunicadora Social, Coach Empresarial, Consultora Tech, Especialista en Marketing Digital y Contenidos Multimedia; y Terapeuta Holística e Integrativa.

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