Es conocido que los gobiernos “masistas” de Evo Morales y Luis Arce, adquirieron industrias por miles de millones de dólares, sin cumplir disposiciones legales ni contar con estudios técnicos. Es más, muchas de esas empresas no funcionaron plenamente y otras quedaron sin producir, pero con empleados que ganan salarios.
Se sabe, por ejemplo, que en 2007, fueron creadas más de 32 empresas públicas, de las cuales 17 generaban pérdidas económicas. En 2024, se había previsto la creación de otras 37 nuevas plantas industriales, para producir medicamentos, agro insumos, aceites, etc. Sin embargo, la falta de transparencia en la administración de esas empresas dejó dudas sobre su sostenibilidad.
Tan escandaloso asunto fue atendido por los candidatos presidenciales, de los cuales algunos prometieron que las empresas públicas serían privatizadas para que den beneficios. Con la llegada del gobierno de Rodrigo Paz, el anuncio sobre esa medida económica fue respondido por la Central Obrera Boliviana (COB) y grupos sociales afines con enérgico rechazo y junto con otras demandas, provocaron 53 días de violentas marchas de protesta y bloqueos de caminos, dejando pérdidas económicas incalculables e inclusive muertes de personas.
El bloqueo de vías se intensificaba, pero se llegó a un acuerdo, según el cual, el gobierno daba varios pasos atrás, mientras la organización sindical seguía sosteniendo que las empresas estatales no debían ser privatizadas. En efecto, el gobierno cambió de idea y aseguró que no habría privatización y que hay empresas públicas que pueden ser “bien gestionadas”. El acuerdo agradó a la COB y suspendió los bloqueos, pero dio al gobierno tres meses para resolver ese y otros problemas. Es decir que los derrotados ponían condiciones a los victoriosos.
De esa forma, es posible que vuelvan las tensiones entre cobistas y oficialistas. Es más, miles de millones de dólares invertidos por nefastos gobiernos masistas en empresas públicas, no serán recuperados. Y se seguirá esperando tener capitales para hacer funcionar tales industrias, conseguir materia prima, descubrir pozos de gas para que con ese energético funcione, por ejemplo, la planta de fundición de hierro del Mutún.
En esa forma, con optimismo el gobierno dio por resuelto el embrollo y la COB se frota las manos con su victoria, pero sin observar que las empresas públicas no tocadas, seguirán paralizadas, por no ser privatizadas. Se olvida que, desde que se produjo el hundimiento de la URSS, que subvencionaba empresas estatales, tal sistema de producción se ha derrumbado. La COB no advierte que el capitalismo de Estado, proclamado por gobiernos populistas, ha fracasado. La Central Obrera no quiere ver que el país se encuentra ante una revolución democrática, única forma de avanzar.
En esa forma, el problema de las empresas públicas no tiene solución. Seguiremos igual o peor por ese sueño populista que consiste en conservar empresas públicas, sin considerar que son deficitarias, solo porque es una vía hacia un socialismo inútil.
Empresas estatales y su privatización
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