El superávit comercial registrado por Bolivia entre enero y mayo de 2026 abrió una aparente contradicción: mientras el país enfrentaba bloqueos de carreteras, problemas logísticos y una economía parcialmente paralizada, las cifras externas mostraban un saldo positivo de $us 1.393 millones.
De acuerdo con el reporte del Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), elaborado con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las exportaciones llegaron a $us 5.449 millones y las importaciones a $us 4.056 millones en los primeros cinco meses del año, dejando un superávit que rompe con los déficits observados en gestiones anteriores. El dato fue atribuido principalmente al fuerte desempeño de los minerales, especialmente oro, zinc y plata, cuyos precios internacionales elevaron el valor de las ventas externas.
Sin embargo, el analista económico, Oswaldo Irusta, sostiene que el resultado no debe interpretarse como una señal de recuperación plena ni como prueba de estabilidad. Por el contrario, dijo que el superávit responde a factores específicos que pueden convivir con una economía interna debilitada.
“El superávit comercial no se explica porque Bolivia esté produciendo mucho más, sino porque los precios internacionales de los minerales subieron. Es un efecto precio, no necesariamente un efecto de mayor volumen productivo”, señaló el experto.
El actual motor exportador del país está concentrado en el oro, el zinc y la plata. En ese escenario, un aumento en las cotizaciones internacionales puede elevar de forma significativa el valor de las exportaciones, aun cuando los volúmenes producidos o enviados no crezcan en la misma proporción.
Ese comportamiento ayuda a entender por qué el país pudo mostrar un saldo externo positivo pese a los conflictos sociales y los bloqueos que afectaron la circulación en mayo y junio.
Según Irusta, los bloqueos encarecieron la logística, retrasaron embarques y golpearon la actividad económica real, pero no necesariamente modificaron de inmediato los registros estadísticos del comercio exterior.
“En Bolivia, la estadística comercial se registra por declaración aduanera, no por el día exacto que el camión logra circular o el barco finalmente zarpa. Por eso puede haber exportaciones contabilizadas antes del bloqueo, aunque físicamente hayan salido después”, explicó.
El analista graficó el fenómeno con un ejemplo: si una empresa minera vendió oro en febrero, realizó la declaración aduanera ese mismo mes y tenía previsto embarcar el producto en mayo, un bloqueo podía retrasar la salida hasta junio, pero la exportación ya quedaba registrada en febrero.
“El bloqueo no borra una operación ya declarada. Lo que hace es retrasar el flujo físico, subir los costos y generar pérdidas operativas, la estadística puede aparecer antes del golpe logístico”, sostuvo Irusta.
Esa diferencia entre registro estadístico y movimiento real de mercancías es clave para interpretar el dato. En términos contables, el superávit puede aparecer como un resultado favorable; en términos productivos, las empresas pueden haber enfrentado sobrecostos, incumplimientos, demoras y pérdida de competitividad.
Otro elemento central está en las importaciones. Para el analista, el bajo crecimiento de las compras externas muestra una economía interna con menor capacidad de demanda. Bolivia importa una parte importante de los bienes que consume y de los insumos que utiliza su aparato productivo, desde combustibles y maquinaria hasta materias primas, repuestos y productos intermedios.
“Cuando las importaciones crecen apenas tres por ciento, no estamos necesariamente ante una buena noticia. Puede ser señal de menor consumo, menor inversión, falta de dólares y dificultad para abastecer cadenas productivas”, advirtió.
En otras palabras, el superávit no surge solo porque las exportaciones hayan mejorado en valor, sino también porque las importaciones se mantienen deprimidas. Si el país compra menos del exterior por falta de divisas, menor demanda interna o restricciones operativas, el saldo comercial puede mejorar, aunque la economía esté funcionando con menos dinamismo.
Según Irusta, este punto es fundamental: un superávit comercial puede tener lecturas distintas. Puede ser positivo cuando responde a mayor producción, diversificación exportadora y competitividad. También puede ser engañoso si se origina en precios coyunturales y en una contracción de importaciones necesarias para sostener la producción y el consumo.
“Un superávit comercial no siempre significa salud económica. En este caso, hay que mirar qué está detrás: precios altos de minerales, importaciones contenidas y una economía real golpeada por bloqueos y escasez de dólares”, aseveró.
El reporte del IBCE también señala que el desempeño minero fue determinante. Los ingresos por minerales crecieron a pesar que los volúmenes no necesariamente acompañaron en la misma magnitud, lo que refuerza la tesis del efecto precio.
Superávit revela exportaciones altas e importaciones débiles
Superávit revela exportaciones altas e importaciones débiles
> “El superávit comercial no se explica porque Bolivia esté produciendo mucho más, sino porque los precios internacionales de los minerales subieron. Es un efecto precio, no necesariamente un efecto de mayor volumen productivo”, sostuvo Irusta.
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