La gran riqueza forestal que tenía Bolivia desde tiempos remotos ha quedado reducida, debido a la aparición de una creciente cantidad de tierras desérticas, baldías y abandonadas. Este es un problema al que las autoridades de turno no le dan importancia que requiere.
En el pasado lejano, cuando los aymaras descubrieron los campos del altiplano encontraron bosques bajos inmensos, en los que crecían especies adecuadas al ambiente. Pero los incas al conquistar el imperio aymara, empezaron una gran depredación, por el interés de apoderarse de esa riqueza y otras más. Esa depredación fue de gran magnitud por la presencia de ejércitos incas, los cuales en su avance iban talando esos bosques, dejando terrenos mermados.
Siguió ese mal en la etapa colonial española, en especial a partir de los años 1700 de nuestra era, con sistemas de destrucción y saqueo. Pero en la etapa del coloniaje, a la destrucción de boques se sumó la presencia de ejércitos coloniales llegados de Perú y que llegaron para sofocar las sublevaciones en territorio boliviano.
Por si fuera poco, la destrucción de bosques en la zona andina fue ejecutada por tropas llegadas de los virreinatos de Buenos Aires y Lima, que daban fin no solo a los campos forestales, sino a la población nativa. La destrucción de esas riquezas naturales se extendió a las regiones orientales, en busca de plantas de gran valor, como la mara el cuchi y otras y, por otro lado, para la explotación de goma y almendra.
La actividad depredadora se agravó desde tiempos del tirano Mariano Melgarejo y se fue expandiendo a todo el territorio nacional. Y en el último tercio del siglo pasado, la destrucción de la riqueza forestal fue poco menos que criminal.
En efecto, después de la depredación de ejércitos coloniales, Santa Cruz empezó a ser objeto del asalto de explotadores de maderas finas, hasta llegar al presente, cuando el saqueo de la madera se extendió a Beni y Pando, aniquilando casi todo lo maderable que existía y, en algunos casos, con el fomento de autoridades designadas por los mismos madereros.
Desde principios de este siglo el problema se agravó por incendios de millones de hectáreas, para expandir la frontera agrícola, saquear recursos naturales o plantar coca. En esa forma, se considera que, hasta el 75 por ciento de los bosques han sido talados y casi toda exportación de madera ha favorecido a madereros. Es más, algunas autoridades dictaron medidas absurdas, como prohibir a madereros la tala de árboles y facilitar el desbosque por parte de los interculturales y otro tipo de campesinos, tanto o más depredadores que los madereros industriales. En efecto, los campesinos talaron bosques y, en seguida empezaron a vender la madera a los industriales. Los nuevos depredadores resultaron peor que los madereros.
Lo peor es que no se advierte interés para poner a salvo lo que queda de esa riqueza. La comprobación de esa realidad se encuentra en la historia. ¿Qué quedó del saqueo de esas tierras? ¡Ni un centavo para el país!
La gran tragedia de nuestros bosques
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