Bolivia atraviesa un escenario político, sumamente complicado. Está al borde del precipicio, a raíz de la intolerancia sectorial. Por quienes estilan discursos radicales, racistas y de confrontación. Está bloqueada, en sus pretensiones de alcanzar crecimiento, con desarrollo sostenible, por ciertos grupos aleccionados. Secuestrada por quienes creen ser dueños de su territorio. Jamás, que sepamos, se registró un hecho de esa índole, antes ni después de la democracia, recuperada en 1982. Los conflictos siempre fueron debatidos y solucionados, en un contexto civilizado, mediante el diálogo. Nunca se llegó a extremos de intransigencia tampoco se advirtió la intromisión de oscuras fuerzas externas.
El imperialismo, no ha generado el conflicto actual. No estuvo involucrado en los asuntos internos. No ha promovido bloqueos, cercos, saqueos ni amenazas. No ha exacerbado los ánimos, de la gente incauta. Tampoco intentó exterminar a la sede de gobierno, privándola de alimentos, medicamentos, hidrocarburos y la libre circulación. Medidas de presión que empobrecieron aún más a los pobres. Que dejaron aún más vacías las cacerolas.
Quienes suscitaron esta situación, son los trasnochados antiimperialistas. Quienes dicen que siempre están en “la brega revolucionaria”. Quienes no comulgan con la democracia y alientan actitudes golpistas. Quienes rechazan la Inversión Extranjera Directa, a título de la defensa de los recursos naturales. Quienes defienden a empresas estatales deficitarias. Quienes no están de acuerdo con la apertura económica hacia el mundo libre.
La comunidad internacional conoce de cerca las actitudes violentas que buscaron destruir el sistema democrático. En ese marco, los derechos humanos fueron conculcados por quienes se movilizaron bajo consignas políticas, provocando el deceso de varias personas. La democracia, el Estado de Derecho y las libertades fundamentales, fueron vulneradas, por quienes exigían la renuncia del actual gobernante.
Habría que evitar la confrontación entre bolivianos, es decir entre bloqueados y bloqueadores, porque ella podría ser la chispa, que avive el desencuentro nacional. Intereses creados se han propuesto ensangrentar el territorio patrio con fines aviesos. Para justificar oscuros propósitos. Gobernantes y gobernados, radicales y moderados, deberían reflexionar, tomando como punto de partida, la reconciliación. Evitar, de tal modo, que la sangre llegue al río. Recurrir al diálogo deponiendo mezquindades y consignas políticas. El diálogo debería prevalecer si es posible con la mediación de organismos internacionales. Pese a que los bolivianos siempre hemos resuelto nuestros problemas sin intervención foránea. Está en riesgo la democracia, recuperada con sangre y muertos. Nadie debería imponer sus intereses particulares, sino debería prevalecer el supremo interés de la Patria. Acá nadie debería sentirse vencido ni lastimado.
En suma: Bolivia unida, jamás será vencida. La fortaleza reside en la decisión de su población.
Escenario muy complicado
Severo Cruz Selaez
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