InicioSeccionesEditorialParos y marchas, ¿justos o injustos?

Paros y marchas, ¿justos o injustos?

Durante las últimas semanas, la ciudad de La Paz —con más de un millón de habitantes y Sede de Gobierno— es objeto del asedio y ataque de multitudes de marchistas que actúan desde afuera y desde adentro de la urbe, provocando un estado de hambruna e intranquilidad, al impedir con bloqueos el traslado de productos básicos y hacer uso de métodos violentos, inclusive contra la ciudadanía.
La ciudad fue cercada, al igual que hace más de doscientos años por Túpac Katari, pero con objetivos muy diferentes. La última acción, se inició con el problema de la calidad de combustibles y fue secundada por la promulgación de una norma agraria, la cual después fue abrogada. Enseguida aparecieron otras demandas, como pedir la renuncia del presidente Paz, por lo que la movilización inicial arrastró a otros sectores sociales.
En los últimos años, esos paros, marchas y bloqueos de vías son cada vez más frecuentes, por una variedad de demandas de sectores sociales, que consideran que solo de esta manera lograrán atención por parte del gobierno de turno. En el fondo, esas medidas de presión son producto de cambios sociales que protagoniza actualmente el país y que, con altibajos, se desarrollan desde principios del siglo pasado.
Al presente, esas marchas, paros y bloqueos, han cambiado de contenido y ya no buscan objetivos salariales o mejores condiciones de vida, sino que han pasado a convertirse en demandas políticas de corto o mayor plazo. Sin embargo, se observa desde la opinión pública que no son acciones espontáneas, sino organizadas por grupos políticos populistas con aviesas intenciones.
Debido a que esas medidas de presión no son originadas por objetivos históricos, sus propiciadores no saben de dónde vienen y a dónde van.
En muchos casos, tales protestas sociales derivan en buscar satisfacer objetivos de dirigentes sindicales y políticos ahora de oposición, empeorando la situación del país, para caer de la sartén a las brasas, como dice el refrán popular.
De ahí que esos actos sociales, no pueden ser calificados solo por la naturaleza de sus peticiones, en relación a aumentos salariales, gasolina de buena calidad, subvenciones, etc. En términos más amplios, corresponde analizar si realmente sus dirigentes luchan por favorecer a la mayoría de la población o, por el contrario, están reaccionando ante la pérdida de beneficios que habían logrado durante los veinte años de gobiernos masistas.
En ese sentido, si una marcha o huelga coincide con el avance histórico de una sociedad, para pasar, por ejemplo, de la condición colonial a la nacional, o del feudalismo al capitalismo, se trata de una que beneficia a las masas. Pero si esas marchas y paros, van contra el desarrollo de la historia, son negativos e injustos.
Sin entrar en más detalles, ¿qué se puede decir de los acontecimientos que están ocurriendo en estos días de crisis social? ¿Son acciones de protesta justas o injustas? ¿Se debe actuar a favor del avance de la historia o retroceder al tiempo de las cavernas? Esos interrogantes quedan para que responda cada boliviano.

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