Por. Lic. Héctor Molina
Recordemos que…
Considerados como propuesta de reconstrucción de la identidad masculina que busca romper con el modelo de la masculinidad hegemónica.
Este concepto, popularizado por la socióloga Raewyn Connell, se refiere al modelo tradicional que impone al varón roles de dominación, fuerza, rudo estoicismo y rechazo a todo lo que se considere femenino o vulnerable. Las “nuevas” masculinidades no son un producto terminado, sino un proceso de cuestionamiento de esos mandatos patriarcales para construir formas de ser hombre que sean más diversas, equitativas y saludables.
Construcción social de la identidad para la construcción de las masculinidades
La construcción de la identidad masculina no es un destino biológico, sino un proceso de aprendizaje social continuo. Para entenderlo a detalle, debemos analizar cómo las instituciones y las interacciones moldean lo que el individuo considera “ser hombre”.
A continuación, presento los pilares de esta construcción sustentados en autores fundamentales.
- La Teoría de la Masculinidad Hegemónica de Raewyn Connell
La socióloga australiana Raewyn Connell es la referencia principal. Ella sostiene que en toda sociedad existe un modelo ideal de masculinidad que se impone sobre los demás.
- La Jerarquía de género. La masculinidad no es una sola; coexiste en una estructura donde la “hegemónica” es la que ostenta el poder (fueron tradicionalmente hombres blancos, heterosexuales y proveedores).
- Subordinación y complicidad. Connell explica que muchos hombres, aunque no encajen en el modelo ideal, son “cómplices” porque se benefician del dividendo patriarcal (las ventajas sociales y económicas de ser hombre en una cultura determinada).
- El Hábito y la incorporación de la norma de Pierre Bourdieu
En su obra La dominación masculina, el sociólogo francés Pierre Bourdieu plantea que la identidad de género se inscribe en el cuerpo.
- La somatización. La sociedad “entrena” el cuerpo masculino para ocupar el espacio de forma expansiva, para ser fuerte y para evitar gestos que se consideren “femeninos”.
- Doxa de género. Estas normas se vuelven tan naturales que el hombre las acepta sin cuestionarlas, creyendo que su comportamiento agresivo o dominante es “natural” cuando es, en realidad, un producto cultural.
- La Identidad como performance de Judith Butler
Desde la teoría de la performatividad, Judith Butler argumenta que la identidad no es algo que “somos”, sino algo que “hacemos”.
- La repetición de actos. La masculinidad se construye mediante la repetición constante de gestos, tonos de voz y comportamientos aprendidos.
- La vigilancia social. El sujeto masculino siente la necesidad de “actuar” su hombría frente a los demás para evitar el castigo social o la exclusión del grupo de pares.
- La Socialización diferencial de Émile Durkheim y Talcott Parsons
Desde el funcionalismo, se analiza cómo las agencias de socialización (familia, escuela, medios de comunicación) operan desde la infancia.
- Expectativas de rol. Según Parsons, al varón se le asigna el “rol instrumental” (orientado a la tarea, el éxito exterior y la provisión), mientras que a la mujer el “rol expresivo” (cuidado y emociones).
- Sanción social. Como planteaba Durkheim, la sociedad ejerce una coacción. Si un niño se desvía de su rol (por ejemplo, al mostrar sensibilidad), la estructura social activa mecanismos de corrección (burla, rechazo) para devolverlo a la norma.
- La Caja de la masculinidad de Tony Porter y Michael Kimmel
El sociólogo Michael Kimmel describe cómo el miedo al juicio de otros hombres es el motor principal de la identidad masculina tradicional.
- La huida de lo femenino. La construcción de la identidad masculina se basa más en “no ser mujer” que en una afirmación propia. Esto genera una vigilancia constante sobre las propias emociones, limitando la capacidad de empatía y autocuidado.
