En Bolivia en general se piensa más en las cosas pequeñas. Esa afirmación es resultado de observar las actividades de gran parte de la población, así como las políticas de educación que tienen sus raíces en el pasado remoto. Casi todo lo que se toma en cuenta se pierde en un mar de asuntos de mínima cuantía y se ha perdido la perspectiva histórica, tan necesaria para progresar y salir de tiempos medievales, cuyos saldos son dominantes en la actualidad nacional.
Las perspectivas estatales no pasan de ser de tamaño pequeño y el Estado ha sido convertido en una máquina burocrática que no ve más allá de sus narices. No se sabe si en la actualidad, el Estado Plurinacional, creado por la Constitución de 2009, tiene un aparato estatal adecuado.
Pero esos aspectos importantes no son considerados por los partidos políticos, que están más enfrascados en temas de cocina y miran la realidad histórica boliviana con el lente de historiadores del Siglo XX, que admiraban el positivismo y el empirismo, relegando las nuevas corrientes del pensamiento.
En esta etapa de cosas pequeñas se encuentran los debates y enfrentamientos entre partidarios políticos, que se agarran de los cabellos por asuntos insignificantes y no observan el aspecto histórico y sus características y leyes. Por otro lado, se dedican a proponer obras sin importancia, sustituyendo lo principal por lo secundario. Consideran que el efecto es más importante que la causa. Miran, por tanto, la cosa al revés, lo que determina, por ejemplo, que se proponga retroceder al tiempo de las cavernas y no se pase al actual de las computadoras. Ese retroceso intentó hacer el populista MAS, en vez de hacer avanzar al país.
El pensamiento político boliviano está dominado por un idealismo platónico de profundas raíces, lo cual conduce al abismo y al caos, como ocurrió en los recién pasados veinte años. Se confundió la lógica y se sumó pan con plátanos, lo que condujo a la crisis que aún vivimos. La causa básica de esa actitud es que solo se mira las cosas pequeñas. En efecto, Bolivia, en vez de avanzar a la democracia económica, ha retrocedido al feudalismo y hasta el comunitarismo. Es más, se ha puesto en vigencia el pluralismo, que es la madre de todas las desventuras de cualquier país.
Ese problema tiene su base en la deficiente educación que viene desde el ciclo primario y secundario, pasa a muchos institutos y universidades estatales y privadas, en este caso donde hay programas al gusto de sus propietarios, pero sin tomar en cuenta la realidad del país. Por ello una reforma de la educación debe ser más profunda que cambiar algunos programas. Más grave aún es que no se enseña materias avanzadas y novedosas.
Los estudiantes reciben esa educación hasta que salen de la universidad. Entonces, algunos entran a las filas de la política y, en algunos casos, cuando llegan al gobierno aplican las malas lecciones recibidas y, por tanto, caen en los errores del pasado. Es, pues, necesario, dejar de considerar solo las cosas pequeñas. Debemos dejar de tomar en cuenta resabios de sistemas de pensamiento obsoletos, pero que en Bolivia se los venera como si fueran el último grito de la moda.
Tiempo de cosas pequeñas
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