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Quedará en el recuerdo

Gonzalo Peñaranda Taida

En el cénit de la gobernación “masista” recibimos una inolvidable lección cuando Evo Morales, en un discurso emitido en la República Argentina, en tiempos kirchneristas, dijo que había llegado al pleno convencimiento de que “la política debería ser practicada únicamente por los pobres… porque los ricos para qué ya quieren hacer política si no necesitan”.
Que recuerde, este “pensamiento” no se les ocurrió a los grandes pensadores de la historia, ni a Platón, Aristóteles, Tomás Moro, Hobbes, Montesquieu, Rousseau, Marx o Maquiavelo.
Lo que en el subconsciente de Morales guarnecía, era que un grupo social debe hacer política para capturar el poder y aprovechar de los fondos públicos. Que aduciendo ser pobre se le robe al propio pueblo esmirriado. Esta idea tampoco se le ocurrió al Robín Hood de gran corazón, pues éste robaba a los ricos para repartir el botín entre los pobres, no hacía política ni buscaba el poder.
Con estas palabras, Morales echó por la borda la idea de que la política tiene como fin último el bien común, tal como se sostuvo desde la Antigua Grecia y más bien confiesa lo que él y su grupo hicieron: robar a la sociedad para beneficio propio y de un séquito de seudosocialistas, dejando a la nación en la miseria.
Esta es una forma directa para inducir al ciudadano a ser corrupto, de ahí que una agrupación de politiqueros, utilizando falsos discursos cooptó a malos dirigentes sindicales y de sectores sociales que se convirtieron en intocables ricachones, con el agravante de destrozar valores y costumbres del buen vivir racional, digno y respetuoso.
Hoy, los desfavorecidos que constituyen el 85 por ciento de los bolivianos, tienen que pagar por la riqueza y los lujos acumulados por esa politiquería. Y si bien se debería imponer a sus autores las sanciones legales correspondientes, es absolutamente necesario imponerles la devolución de los fondos públicos arrebatados al pueblo.
Poniéndonos la mano al pecho y dejando a un lado el cálculo político, se debe reconocer que los bolivianos hemos pasado seguramente la Navidad más triste y desconocida de por lo menos los últimos 100 años.
Ultrajada y empobrecida, así está Bolivia. Ojalá cambien las cosas.

El autor es jurista.

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