Un rayo de luz ha surgido en medio de las tinieblas de la noche, cuando el pueblo boliviano se encontraba poco menos que abandonado y sin orientación. Durante los últimos años no se vislumbraba claridad en el horizonte.
Pero una poderosa fuerza histórica guía los destinos del pueblo boliviano y lo hace resurgir de las cenizas, para empezar de nuevo la lucha por su existencia, aunque fuese con gastados instrumentos. Entonces se levanta la voz crítica contra el pasado ignominioso de veinte años de populismo masista. En tal sentido, Rodrigo Paz, mandatario electo, criticó a gobernantes de países hermanos que tomaron el poder por la fuerza, con la oferta demagógica de “construir el socialismo”, oferta que, además, nunca se cumplió, por inoperancia gubernamental y falta de arraigo de esa ideología en la población. Solo sirvió para desarrollar una gigantesca ola de corrupción, cooptar a fuerzas armadas para reprimir al pueblo y con medidas económicas erradas matarlo de hambre.
Los conceptos del nuevo presidente de Bolivia, que tomará el mando del país el próximo 8 de noviembre, son de esperanza y optimismo para la mayoría de la población, porque percibe que Bolivia es alejada del nefasto socialismo del Siglo XXI y sus organismos como el Foro de San Pablo y el Grupo de Puebla, ante los cuales los gobiernos masistas se habían arrodillado sumisamente, por decisiones equivocadas, como de Evo Morales, el cocalero ex presidente. Esa alineación de Bolivia con el socialismo fracasado, se había convertido en una espada de Damocles sobre la cabeza de los bolivianos.
Sin embargo, las palabras iniciales del mandatario electo de Bolivia en sentido de cambiar de rumbo no son suficientes, pues se relega a la cúpula anarco-socialista, pero todavía queda, aunque en forma incompleta, el cuerpo del “socialismo del Siglo XXI”, disfrazado de “Movimiento al Socialismo”.
Ese cuerpo descompuesto sigue existiendo dentro del Estado Plurinacional, en especial en la Constitución Política de 2009 y en mecanismos estratégicos de la administración gubernamental. Si todo ese aparato no es desmontado, el nuevo gobierno podría correr el riesgo de repetir el cogobierno de Jeanine Añez con el MAS, que implicó ser víctima de zancadillas y trampas en el camino y, lo que es peor, repetir la historia con agravantes.
Queda, pues, mucho por hacer para desmontar el aparato azul incrustado en la administración pública, que tanto daño ha causado al país, es decir que, apenas posesionado el nuevo gobierno, tiene que asumir medidas para garantizar la gobernabilidad. Como dijo alguien, el pueblo boliviano quiere hechos, más que todo.
Que el rayo de luz que ha surgido se convierta en un faro luminoso para la Nación y la Democracia.
