El certamen Miss Universo 2025, que se llevará a cabo próximamente en Tailandia, ha sido marcado por una controversia protagonizada por Nawat Itsaragrisil, empresario y productor local del evento. En la previa a la elección final, que está programada para el 21 de noviembre de 2025, Nawat protagonizó un incidente polémico al insultar públicamente a Fátima Bosch, una de las candidatas, generando críticas y cuestionamientos sobre el manejo del certamen.
En una reunión oficial, Nawat acusó a Bosch de no respetar actividades promocionales, la interrumpió insistentemente, la insultó a ella llamándola “tonta” y la expulsó por la fuerza del lugar, un acto que generó repudio inmediato tanto en el público como entre las concursantes, algunas de las cuales lo abandonaron en señal de protesta.
El incidente desnuda las tensiones y la falta de profesionalismo en la gestión del certamen, donde el carácter autoritario de un dirigente puso en riesgo la integridad emocional y la dignidad de una concursante internacional.
La respuesta oficial de la Miss Universe Organization (MUO) fue rápida y contundente: Nawat fue suspendido y posteriormente destituido para proteger la imagen de respeto y empoderamiento que el concurso dice defender.
La MUO anunció medidas legales y corporativas, enfatizando que tales conductas “no representan los valores de respeto y dignidad hacia las mujeres” que deben prevalecer en el certamen.
Más allá del impacto mediático, el hecho revela un problema estructural grave en la interacción entre algunos directivos y las candidatas, donde los valores declarados de igualdad y empoderamiento chocan con actitudes y conductas poco profesionales, autoritarias y humillantes.
La presión por mantener la imagen del concurso obliga a la MUO a replantear protocolos y supervisiones más estrictas en la organización.
La polémica dejó un mensaje claro: en una era donde la lucha por los derechos de las mujeres y la equidad de género está en el centro del discurso global, los certámenes de belleza deben trascender la superficialidad y garantizar un entorno de respeto real, seguro y justo para todas sus participantes.
Miss Universo 2025 será recordado por su brillo competitivo, pero también por la urgente necesidad de reformas éticas y organizativas.
