Bolivia requiere con urgencia una nueva Constitución Política, pues la que fue puesta en vigencia en 2009, durante el gobierno del cocalero Evo Morales Ayma, está llena de incoherencias, es anti histórica y frena el desarrollo del país. Este asunto debería estar en primer lugar en la agenda de soluciones de la Nación.
Resulta urgente sustituir o reformar la CPE impuesta por el Movimiento al Socialismo (MAS), solo para satisfacer sus intereses relacionados con el llamado socialismo del Siglo XXI. Esa Carta Magna, hecha al gusto del masismo, carece de orientación, es inclusive discriminatoria y racista. Prueba de ello son actitudes de las autoridades de ese tiempo, como hacer retroceder las manecillas del reloj de la plaza Murillo, hacia atrás, lo que resulta absurdo.
Por otro parte, desde la opinión pública algunos piden reformar la actual Carta constitucional, para asumir medidas que encaminen el país hacia el progreso y avance, lo que no fue posible por los gobiernos populistas de los pasados veinte años. Sin esas medidas, el país seguirá bloqueado y marchando hacia atrás, por más voluntad que muestren sus actuales conductores.
Al respecto, la Constitución Política vigente ya debió haber sido sustituida o reformada al triunfar la insurrección popular de 2019 que puso en fuga a Evo Morales, que gobernó al país por casi 14 años. El gobierno transitorio de Jeanine Añez, no lo hizo debido a la inexperiencia de quienes eran llamados a guiar ese movimiento de rebelión. El fracaso de ese gobierno de transición hizo posible que el masismo volviera al poder con el triunfo electoral de Luis Arce Catacora, quien no quiso hacer cambios en la CPE.
Ahora, pasados once meses del nuevo gobierno presidido por Rodrigo Paz Pereira, no hay señales de que se cambiará la Constitución Política de esencia populista. Sin embargo, esta Carta Magna impide que sean dictadas medidas que son necesarias para eliminar diversos escollos dejados por los gobiernos del MAS. Además, ese texto constitucional está lleno de sofismas y frases demagógicas. Para citar un caso, habla de favorecer a las masas campesinas, pero, en realidad, les niega el derecho propietario sobre sus parcelas, lo que es antieconómico. En general, se opone al desarrollo económico, social y espiritual de Bolivia. No sería extraño que muchas de sus partes sean copias camufladas de las constituciones de países socialistas como Cuba o Venezuela.
Cuando se habla de sustituirla completamente, algunos analistas del tema aducen que implica recorrer un camino muy largo y con muchas dificultades. Pero resulta necesario un debate sobre la opción de convocar a una nueva Asamblea Constituyente o a un Congreso constituyente para que sea atendida la mencionada necesidad histórica. Obviamente, la historia no espera, por lo que se requiere atender de manera prioritaria las grandes necesidades actuales, como allanar los obstáculos que impiden asumir medidas para solucionar oportunamente numerosos problemas que afligen hoy a la mayoría de la población boliviana.
Nueva Constitución, necesidad histórica
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