A mediados del gobierno del triple sexenio del autócrata Evo Morales, comentamos uno de sus decretos, manifestando que el “inquilino del Palacio Quemado” estaba más dedicado a viajar que a atender sus labores obligatorias y que ese vacío estaba siendo ocupado por subalternos que lo suplían a su gusto y sabor.
Esa afirmación causó alguna repercusión entre los lectores, pero más que en la nota editorial se hubiese afirmado que Morales solo era “inquilino” del Palacio y que seguiría la suerte de sus antecesores. Esto cayó como plomo derretido entre los miembros del gobierno y mucho más entre los allegados al aristócrata. Los ministros y sus seguidores inmediatos afirmaron que lo de “inquilino” era una falsedad, pues el gobierno del cocalero tenía vigencia indefinida.
El mismo Evo Morales, sus asesores y amigos de viaje, sostuvieron que “el gobierno del MAS nunca saldría del Palacio, que el mandato de Evo era de por vida”. Además, se recalcaba que el régimen evista era eterno, por estar protegido contra toda clase de peligros.
A pesar de los indicios en contra que aparecían en el horizonte, el gobierno evista continuó su ritmo sin preocupación. No se daba cuenta de que los pilares de su régimen estaban carcomidos por medidas erradas que causaban el malestar del pueblo. Asimismo, no comprendió que había acabado la época de las “vacas gordas” y que se aproximaba una grave crisis que daría por los suelos con el “proceso de cambio” y otras lindezas.
En síntesis, Morales y compañía no tomaban en cuenta que el cambio de gobernantes es inevitable en cualquier país y que los deseos prorroguistas eran efímeros. No tuvo en cuenta el principio básico de que todo cambia en el universo.
En fin, pasado algún tiempo, el gobierno de Morales fue expulsado por la insurrección popular del 19 de noviembre de 2019. Y recientemente en las elecciones generales, el MAS dividido obtuvo una votación mínima. En consecuencia, Morales debe continuar preso de sí mismo en el Chapare, sin necesidad de que la policía lo persiga y sea enviado a la cárcel por pedofilia, lo que tal vez le volvería a dar popularidad e impunidad. Pero ahora lo cierto es que Evo no tiene poder, está solo, desprestigiado, viviendo a salto de mata, rodeado de guardaespaldas, a quienes debe pagar seguramente salarios, alimentación, viáticos y prebendas, con dinero que no se agota.
Ese exilio dorado le ha dado al país respiro, pero, más aún, la independencia del Órgano Judicial, que ha empezado a aplicar verdadera justicia y no obedece “órdenes superiores” para condenar a Luis F. Camacho a treinta años de cárcel y a Jeanine Añez a otro tanto.
El crepúsculo de Evo es definitivo y el país vuelve a su cauce debido a que ahora ya reina la injusticia ni la arbitrariedad ni el recurso de apresamiento indefinido o medida cautelar, aplicada a capricho por el gobernante chapareño. Por lo que pronto se espera la libertad de Jeanine Añez, condenada por el espíritu de venganza personal del cocalero, así como la liberación de otros “cautelados”.
En fin, la justicia tarda, pero llega.
