Hace seis meses el presidente republicano de Estados Unidos, Donald Trump, puso en aplicación una nueva política económica para su país, en sustitución del libre comercio absoluto, que regía desde décadas atrás. El objetivo central de esa política proteccionista consiste en que el país del norte, debe consumir sus propios productos y evitar, en lo posible, el consumo de artículos importados. Para conseguir ese resultado, el gobierno dictó medidas como la elevación de aranceles a todos los productos importados, en especial para la industria y la agricultura.
Los aranceles impuestos a los productos extranjeros tendrán diversos porcentajes, entre el diez y el cincuenta por ciento. En particular, Bolivia podría exportar toda clase de artículos a Estados Unidos, mientras México y la Unión Europea deberán pagar hasta el 30 por ciento de aranceles, lo cual tiene características especiales.
Se debe recordar que la economía mundial y de las naciones en particular, giró siempre alrededor de las políticas proteccionistas y las de libre comercio, lo cual determinó que, en el primer caso, se observe prosperidad de casi todas las naciones, mientras en el segundo, la prosperidad solo beneficiaba a los que tenían como política el libre comercio mundial y el proteccionismo limitado a sus propios países.
Esa política hizo decir a los economistas que la historia de la humanidad siempre giró en torno al proteccionismo y el libre comercio, teoría que fue suplantada por la marxista que sostuvo, en cambio, que la vida económica de la humanidad siempre dependía de la lucha de clases que, al final, resultó falsa y solo produjo miseria y calamidades en los países que tuvieron en cuenta esa corriente ideológica.
La actual política económica de Estados Unidos, basada en el proteccionismo, está produciendo efectos positivos en esa nación, pues, al evitar la competencia extranjera, ha empezado a recuperarse económicamente. Pero esa política no solamente está beneficiando a Estados Unidos, sino a muchos países, entre ellos Bolivia, donde ya se está observando los efectos indirectos de dicho proteccionismo.
Tal es el siguiente caso concreto. Bolivia debe pagar por exportar a EEUU el 10 por ciento de aranceles. En efecto, la potencia del norte ya no tiene la presión de la competencia boliviana en sus mercados de consumo y, en cambio, aumenta el consumo de sus propios productos.
En cambio, nuestro país está tratando de exportar diversos artículos, entre ellos agropecuarios, que quedan para el mercado interno, debido a que ya no hay productos norteamericanos. Esa escasez de estos últimos productos está impulsado a los campesinos del país a llenar el vacío dejado por la falta de artículos norteamericanos. Al mismo tiempo, la producción agraria boliviana sube de precio, lo cual favorece la economía de los trabajadores del arado, lo que no ocurría desde hace unos veinte años. Anteriormente, por la importación libre de alimentos, los precios de los nacionales en el mercado bajaban, los campesinos enfrentaban una competencia desleal y, finalmente, la muerte de la agricultura nativa.
Hoy lo que está sucediendo en nuestros mercados de consumo y en la agricultura, es muy favorable para Bolivia y se debe, en forma indirecta, a la política proteccionista del presidente Trump. Lo mismo se puede decir sobre el efecto del proteccionismo en Europa y otras naciones, donde la agricultura estaba languideciendo por la competencia extranjera, mientras ahora, esa competencia de proyectos baratos y de mala calidad está desapareciendo, ya que diversos gobiernos están acatando nuevos aranceles y, a la vez, asumen medidas para fomentar la propia producción agrícola e industrial.
