La población ha perdido su poder adquisitivo, debido a la crisis económica. La canasta familiar se halla en las nubes. Los sueldos y salarios no cubren los requerimientos mensuales. Escasean los combustibles y continúa invisible el dólar. Despedir trabajadores o cerrar empresas, son las opciones que preocupan a los privados, en la presente circunstancia.
El pueblo, en consecuencia, ve con escepticismo los resultados de las diferentes encuestas, con miras a las próximas elecciones, cuando aún no hay candidatos visibles a la presidencia de la República. Está preocupado por resolver sus problemas más inmediatos, en medio de la adversidad económica. Pero decidirá, en última instancia, el futuro de los políticos, que buscan capturar el Poder, en democracia.
Nuestra desgracia económica se originó a partir de la caída del gas. El ciclo de dicho producto, que hizo posible la bonanza económica, tiende ahora a terminar, según entendidos en la materia. El pueblo boliviano se vería, en consecuencia, ante la necesidad de importarlo, en los años venideros. “Bolivia facilita traslado de gas argentino a Brasil”, señala, asimismo, un titular de EL DIARIO. Argentina, por lo visto, ha empieza a exportar gas al Brasil a través de gasoductos de nuestro país. De productor, es un transportador. ¿De qué ha servido la guerra del gas? Los mandamases de turno vaciaron la riqueza gasífera, que nos legaron gobiernos anteriores al año 2006.
El destino del país está en manos de quienes no viven de la política. De quienes trabajan, producen, exportan y atraen dólares, en tiempos de estabilidad o inestabilidad económica, en dictadura o democracia. Esas manos productivas, de oriente y occidente, de pobres y ricos, contribuirán a la salvación nacional, con esfuerzo y sacrificio propio. Trabajando desde la madrugada, hasta el anochecer. Menos los políticos que dicen representar a la ciudadanía. Políticos mezquinos siguen desesperados por medrar con recursos fiscales en una coyuntura de crisis económica. El desastre económico es obra de estos elementos, que, en el pasado reciente, despilfarraron los ingentes ingresos que generó el auge gasífero. Hoy no existe vestigio de ese llamado “milagro boliviano”.
Los días que vendrán posiblemente se tornen aún más difíciles, por cuanto la crisis económica tendería a agudizarse, según algunos economistas. Ningún presidenciable, que postula el cambio o el continuismo, tuvo honestidad ni valentía para advertir tal aspecto. Probablemente por no contaminar el discurso electoral que manejan. Quizá pretenden solucionar con un plumazo la complicada coyuntura económica. Ello sería ideal. ¿Cómo encararían el tema de la salvación nacional, del que tanto hablan, en caso de que llegaran al Poder? ¿Con esfuerzo propio o con asistencia externa? ¿Quizá a costa del hambre del pueblo? Es que no se han sincerado.
En suma: acá el esfuerzo mancomunado de la población hará posible la salvación nacional. La ineptitud de los políticos causará el retroceso a épocas de la postergación.
Con escepticismo
Severo Cruz Selaez
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