Compuesto de naturaleza orgánica, con dos átomos de carbono, cinco de hidrógeno y unido a él un grupo hidroxilo (OH), nos estamos refiriendo hoy al alcohol bebible, que suele acompañarnos en actividades festivas, generalmente, Solo los bebedores consuetudinarios, con o sin motivo, se arriesgan a tener cirrosis hepática a corto plazo.
El organismo humano es capaz de oxidar y de eliminar en forma de agua y dióxido de carbono un máximo de 0,18 centímetros cúbicos (cm3) de alcohol por hora y por kilogramo de peso corporal. Más allá de estos límites, el alcohol digerido se acumula en la sangre y en los tejidos nerviosos, originando los efectos tóxicos.
En un individuo normal con una concentración de alcohol en la sangre entre 0.02 y 0.09%, corresponde un estado de embriaguez muy avanzado. Y se habla de un estado muy grave cuando la concentración de alcohol en la sangre es superior a 0.40%. Estudios realizados a principios de este siglo muestran algunos datos muy preocupantes: que un 5.4% ingiere alcohol antes de los 15 años, y el 79.7% entre 15 y 19 años. Si sumamos estas cantidades, el 85.1% de nuestros jóvenes ha probado el etanol, antes de la mayoría de edad en el caso de los varones.
¿Cómo afecta el alcohol a nuestro organismo? Hace más lento el funcionamiento del sistema nervioso central; bloquea algunos de los mensajes que intentan llegar al cerebro. Esto altera las percepciones, las emociones, los movimientos, la vista y el oído de una persona.
Es cierto que, en cantidades muy pequeñas, el alcohol puede ayudar a que una persona se sienta más relajada o menos ansiosa (posible justificación para que los viernes, usted observe que muchos salen del trabajo directamente a desestresarse), sin embargo, una mayor cantidad de alcohol provoca cambios más grandes en el cerebro y produce una intoxicación.
Las personas que beben cantidades excesivas de alcohol suelen tambalearse, pierden la coordinación y tienen dificultad al hablar. Es posible que actúen de una manera completamente diferente de la habitual. Llegan a pensar inclusive que se están moviendo correctamente, cuando, en realidad, sucede lo contrario. ¿Otros riesgos posibles para jóvenes y no tan jóvenes?
Afecta la capacidad para estudiar y conseguir buenas notas, además de afectar el desempeño deportivo (por la falta de coordinación); terminar involucrado en un accidente de tránsito o un homicidio; ser más propenso al sobrepeso o a la hipertensión. ¿Cómo evitar el consumirlo? Cada persona debe encontrar su estrategia para rechazar el consumo de alcohol.
Algunos descubren que les es más fácil decir que no sin dar explicación; otros sienten que es mejor si expresan sus motivos de forma clara: “no tomo”; “tengo examen mañana”, “ya una vez estuve metido en serios problemas por beber”, etc.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el año 2019, en Latinoamérica la ingesta de alcohol dio variados datos. Encabeza la lista Argentina, con un consumo per cápita de 8 litros de alcohol puro, le sigue de cerca Brasil (7,7 litros) y Perú (7,5 litros); Chile, Cuba y México muestran cifras que rondan los 6 a 7 litros por persona. Uruguay, Colombia, Honduras y Venezuela presentan niveles algo más bajos (entre 3 y 5 litros), mientras que Guatemala se posiciona como el país con el menor consumo de la selección, con 1,6 litros por habitante.
Luego, estimado lector o lectora, queda en manos suyas, la decisión. Todo en exceso hace daño.
El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.
