Comienzo diciendo que hace pocos días “polarización” ha sido elegida palabra del año 2023 por la FundéuRAE, un término que ha sido seleccionado –dice el informe recibido– por su amplia presencia en los medios de comunicación y por la evolución que ha experimentado su significado y que se ha impuesto a otras once, entre las que se encontraban “amnistía”, “guerra” o “fentanilo”. Añade que en los últimos años se ha extendido el uso de la voz polarización, que está recogida desde 1884 en el diccionario académico, para aludir a situaciones en las que hay dos opiniones o actividades muy definidas y distanciadas (en referencia a los polos), en ocasiones con las ideas implícitas de crispación y confrontación.
Además, hace mención a que es habitual encontrar en los medios ejemplos que aluden a diversas formas de polarización a nivel mundial: la polarización de la sociedad, de la política, de la opinión pública o de las posturas en las redes sociales. Y que tanto el verbo “polarizar” como su correspondiente sustantivo “polarización” se utilizan con frecuencia para expresar la idea de división en dos bloques, posiciones u opiniones enfrentadas. Enfatiza que “polarizar” es, entre otras cosas, “orientar en dos direcciones contrapuestas”. Y en el Diccionario esencial se ofrece el siguiente ejemplo: la guerra polarizó la sociedad. “Fue elegida este año entre: amnistía, ecosilencio, Euribor, FANI, fediverso, fentanilo, guerra, humanitario, macroincendio, seísmo y ultrafalso”.
En cuanto a Bolivia, decir que no sólo la palabra ha sido mencionada bastante en la pasada gestión, sino también la polarización en sí, la que al parecer está presente desde siempre en el país. La elección de la misma, a cargo de la RAE es acertada, pero refiriéndonos a lo segundo, son los sucesos políticos los que hasta hoy ponen en ascuas e incertidumbre a la población boliviana, puesto que imperan los intereses y angurria de la denominada “clase política”, mal perenne en esta parte del mundo.
Nuestra historia así lo demuestra, hablando, salvo honrosas excepciones, de quienes condujeron los destinos de esta nación que merece mejor suerte. Y al encontrarnos en pleno Siglo XXI, de una buena vez el principal objetivo debiera ser erradicar las polarizaciones, si queremos de veras el progreso y desarrollo plenos de Bolivia y los bolivianos.
En resumidas cuentas, que este año sea el principio de ello, por un mejor futuro para todos o, en caso contrario, la eterna polarización se encargaría de llevar al país y su gente al despeñadero. No se trata de que el pasado año fue pésimo, pues el tiempo es el mismo y depende de nosotros lograr que esta nueva gestión sea totalmente positiva, pues no en vano se dice que “el hombre es el arquitecto de su propio destino”.
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