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Todo tiene su tiempo

Severo Cruz Selaez

“Todo tiene su tiempo”, sentenció el predicador. De veras que todo tiene su tiempo, en este mundo plagado de intereses mezquinos. Es imposible detener el transcurrir del tiempo, que marca diferentes etapas de la historia de los pueblos. Unas para bien y otras para mal. Lo bueno es que “todo tiene su tiempo”. Todo cambia, ciertamente.
Octubre del 2026 ha sido sacudido, en este marco, por dos acontecimientos, que concitaron la expectativa internacional. Que se prestaron a conjeturas diversas, en el ámbito de las especulaciones político partidarias. Que ha provocado diferentes reacciones en el interior y exterior de las fronteras. Líderes de tendencias encontradas, hablaron sobre el tema.
El primer caso se refiere a la integración boliviano – chilena, consolidada con el encuentro del presidente Paz con su homólogo Kast. Que abre las perspectivas de un trabajo conjunto, con miras a incentivar el crecimiento de ambos países. En los últimos veinte años se descartó esa posibilidad. Se ahondaron las diferencias recurriendo, a instancias de la justicia internacional. En dichos estrados el enclaustramiento de Bolivia fue ratificado. Se gastó inútilmente ingentes montos de dinero con ese motivo. Ahora tenemos pocas probabilidades de negociar sobre el tema con el vecino. “Todo tiene su tiempo”, de veras que sí. “Nos complace mucho que dos de nuestros países fundadores, Bolivia y Chile, estén avanzando en una agenda que promueve la integración que, sobre todo, se focaliza en las oportunidades, que miran las fronteras no como un sitio donde terminan los países, sino donde comienzan los sueños”, reiteró el presidente del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), Sergio Díaz–Granados.
El segundo es el de las visas. Se impone el tiempo de las visas. La restricción de visas, determinada por el gobierno norteamericano, ha generado incertidumbre, en ciertos segmentos sociales del país. Posiblemente haya alguna gente que vive, ante esa realidad, con “el Jesús en la boca”. Pensando en lo peor, obviamente. La actitud no se limita a un simple “papelito”, como dicen, sino es una sindicación descalificadora. Es un estigma que recae, de manera taxativa, sobre algunas personas, que tendrían posibles nexos, con negocios ilícitos. Señalamientos que ponen en duda, desde todo punto de vista, la honorabilidad de los aludidos, quienes tendrían que someterse, a un proceso de investigación, para el esclarecimiento.
Pero no se debería permitir que el caso de las visas empañe la imagen de Bolivia en el contexto mundial. Ahora que goza del respaldo internacional. Particularmente de los países con vocación democrática. No habría que perder, esa histórica ocasión. Es urgente que se constituya un ente esclarecedor, para lavar, en lo posible, el rostro del país, digno de mejor destino.
En suma: Bolivia resurgirá como el ave fénix, dejando atrás el pasado desastroso, con el acompañamiento de países vecinos. Ese es el sueño de todos los que han nacido acá.

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