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La muerte del socialismo del Siglo XXI

Jhonny Vargas

Bolivia no ha logrado reducir la pobreza, ha logrado socializar la pobreza y aumentar el malestar y la infelicidad de su población, todo gracias al socialismo del Siglo XXI. Por falta de visión y de voluntad política, hoy el país se encuentra estancado en su mentalidad, hábitos y costumbres políticas muy arraigadas en la psiquis del político boliviano. Pero eso no quiere decir que ellos estén en lo correcto; para un país con gran porcentaje de población indígena, como el nuestro, poder evolucionar y adquirir un pensamiento político diferente, cuesta mucho. Pero no es una tarea imposible, tiene que recibir el aporte de sangre nueva joven, despierta y consciente de que el socialismo fue una sombra de la muerte recorriendo todo el país. Necesitamos de gente nueva joven y de gente vieja cansada de la situación actual, que viva las preocupaciones actuales, como una experiencia, capaz de cambiar su propia realidad.

El socialismo del Siglo XXI fue popularizado en América latina por Hugo Chávez,  pero fue un concepto político y económico formulado en 1996, por el sociólogo alemán Heinz Dieterich Sttefan. Esta idea nace como una evolución del socialismo clásico y para corregir los errores del modelo soviético. Así surgió como una reacción popular, contra el modelo neoliberal, el consenso de Washington y los altos niveles de pobreza y desigualdad en la región. Según los defensores de esta idea, todo consistía en redistribuir la riqueza, de la manera más equitativa para todos, sin darse cuenta que con su implementación lo único que se logró fue la socialización de la pobreza, el narcotráfico, el contrabando y el tráfico de tierras y personas. Entonces fue adoptado e impulsado por gobiernos corruptos y abusadores de las garantías y deberes constitucionales. Dictadores como Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel Ortega y Rafael Correa, convirtieron sus países en Narcoestados.

Si su objetivo era vivir bien, hoy vivimos peor. Si querían hacer más fácil la vida, hoy la vida se ha hecho más difícil en la ciudad y el campo. Si querían perfeccionar la democracia, hoy estamos camino a la dictadura, hoy ni vivimos bien y todo se ha vuelto inseguro. Si su objetivo era producir más, gracias a la intervención estatal, hoy los terrenos productivos están abandonados y son objetos de avasallamiento. Si su objetivo era convertir a estos países en destinos turísticos, hoy los destinos turísticos están totalmente olvidados. Si su objetivo era construir carreteras y caminos, hoy las carreteras mal hechas y con sobreprecio son el símbolo de la corrupción socialista. En vez de traer claridad, aquí todo es oscuridad, confusión y aturdimiento, este no es el sueño de Simón Bolívar, es una desagradable pesadilla.

Ese socialismo buscó una economía mixta y planificada y terminó siendo una mala administración gubernamental. El Estado es un mal administrador cuando está en las manos de un gobierno corrupto y abusivo. La intervención del Estado en sectores estratégicos, solo sirvió para que una pandilla de delincuentes, se haga cargo del manejo de los fondos públicos y, de esta manera, estratégicamente tenían el control del Estado y el mercado a su disposición, dejando como resultado empresas públicas deficitarias, y un desvío millonario a cuentas bancarias particulares. Muchos empresarios se sometieron al modelo económico, matando así su espíritu emprendedor. Ellos ya no generaban riqueza, solo esperaban un rescate financiero estatal. Empresas fantasmas sirvieron de palos blancos, para el enriquecimiento ilícito de los dueños del gobierno y del mercado.

Propuso democracia participativa, como queriendo ir una paso más allá de la democracia representativa, integrando la participación de las naciones y pueblos indígena originario y campesinos, mujeres indígenas, sectores minoritarios de la sociedad civil, pero terminó siendo una dedocracia sindical única y orgánica, donde la dictadura cocalera del Chapare impuso su visión de Estado a todo el país. El narcotráfico se convirtió en la base de su modelo económico y las diferentes actividades ilícitas. Adujo la soberanía nacional, en la lucha contra el narcotráfico, ante la influencia de organismos internacionales y financieros. Pero fue soberanía cocalera para defender intereses exclusivos cocaleros. Así el Chapare se convirtió en tierra de nadie y obediente al caudillo de las federaciones de cocaleros. Se dijo falsamente que ese liderazgo era enemigo de empresas transnacionales que quieran meter sus narices en el negocio multimillonario de las drogas y los recursos naturales de Bolivia.

En resumen, el socialismo del Siglo XXI, es una fachada para instaurar regímenes populistas y demagógicos. Bolivia será uno de los últimos países en salir de este sistema cínico y perverso, porque el actual gobierno a la cabeza de Rodrigo Paz, es el continuismo de esta mentira socialista. La derecha todavía no ha llegado al poder, ni siquiera existe un partido de derecha pura en Bolivia, solo hay falsos intentos y muy mal encaminados. El socialismo del Siglo XXI es un estatismo tradicional, con escaso sustento técnico viable, no es un proyecto transformador, sino todo lo contrario. El socialismo del Siglo XXI, todo lo que toca lo corrompe, todo lo que toca lo destruye, debilita la institucionalidad, pretende perpetuar líderes carismáticos populistas en el cargo. La historia dice que: Bolivia fue una de las primeras en luchar contra del yugo español, hoy en día será la última en liberarse del yugo del socialismo del Siglo XXI.

 

Jhonny Vargas es Politólogo y Docente de Posgrado.

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