La gestión del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz (GAMLP) bajo la conducción de César Dockweiler se consolida, mes a mes, como un doloroso compendio de inoperancia administrativa y carencia de visión técnica urbanística. A varios meses de haber asumido el despacho del Palacio Consistorial, la Sede de Gobierno padece las demoledoras consecuencias de una administración errática, entrampada en disputas estériles con el Concejo Municipal y desprovista de un plan de desarrollo estructural que atienda las verdaderas urgencias de la urbe: el colapso del transporte público, el deterioro crónico de la capa asfáltica y los alarmantes riesgos geológicos de los macrodistritos. Sin embargo, este preocupante vacío de liderazgo no debería sorprender a quien analice la política local con frialdad.
El triunfo electoral de la agrupación ciudadana Ciudad Humana no fue el resultado de un respaldo consciente y programático a propuestas innovadoras o técnica y financieramente viables, sino la consecuencia directa de un voto estrictamente defensivo por parte de los paceños. Fue un voto “anti-Arias”, un manotazo de ahogado de una ciudadanía cansada de la mediocridad precedente que, ante la falta de opciones serias y liderazgos convocantes, optó por castigar al pasado, entregando el timón de la ciudad a la improvisación. Así, por el descarte y no por una verdadera confianza en partidos políticos o figuras políticas, se han resuelto últimamente las elecciones en Bolivia en los últimos tiempos.
El síntoma más flagrante, cotidiano y molesto de esta falta de criterio gubernamental es la insólita e inflexible decisión de mantener cerrada la avenida Costanera durante los días domingo. Bajo la supuesta e idílica bandera del esparcimiento ciudadano, la vida saludable y el deporte dominical, la alcaldía estrangula deliberadamente la principal arteria de conexión rápida entre el centro de la ciudad, las laderas orientales y la Zona Sur, desatando un caos vehicular en las angostas rutas alternativas de la hoyada paceña. Cerrar una vía troncal de alta velocidad en una topografía tan accidentada y restrictiva como la de La Paz, sin ofrecer infraestructura alternativa real ni un plan de contingencia de tráfico medianamente coherente, es una muestra intolerable de demagogia urbanística y desconocimiento técnico.
La Paz no necesita ocurrencias dominicales ni medidas improvisadas que asfixien el libre tránsito y el tiempo de quienes deben trabajar, comerciar o trasladarse por emergencias médicas en sus pocos días de descanso; la ciudad necesita puentes integradores, estabilización científica de taludes, bacheo técnico masivo y con asfalto de buena calidad y soluciones estructurales para el transporte. El GAMLP de Dockweiler debe despertar y entender que gobernar una metrópoli compleja requiere planificación y rigor técnico, no caprichos restrictivos que confunden la gestión pública con una eterna campaña de relaciones visuales vacías para las redes sociales.
Inoperancia de un voto castigo y absurdo vial
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