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Momentos decisivos

Severo Cruz Selaez

En momentos decisivos que vive el país, la consigna debería ser unidad. Unidos superaremos la difícil coyuntura, disgregados claudicaremos, sensiblemente, ante los retos de la historia. Nuestra perspectiva será siempre construir un país competitivo, como referente en la región. Que honre la memoria de nuestros mayores e inyecte esperanza a los que vienen. Con ese propósito deberíamos redoblar esfuerzos y ratificar la vocación de servicio incondicional. Bolivia nos necesita ahora más que nunca. Su futuro depende de las acciones que asumamos.
Fue imposible sostener la subvención a los combustibles, particularmente al diésel, por 55 millones de dólares cada semana. Hecho que sangraba la economía del país. Decidimos eliminarla y ahora el dinero ahorrado sería interesante invertirlo en educación, salud e infraestructura caminera. De tal modo tendríamos un sistema educativo de calidad, como los países vecinos que alcanzaron las metas de competitividad. Tendríamos los servicios de salud óptimos, que mejorarían el bienestar social y la calidad de vida. Con carreteras eficientes que posibilitarían el contacto con el mundo interno y externo. Que permitirían exportaciones fluidas de nuestra producción. Asimismo, en el rubro de la importación. Sin carreteras estaríamos enclaustrados. Ellas son las arterias por donde transitan nuestro presente y futuro.
“Bolivia se nos muere”, afirmó, en momentos cruciales, el presidente Víctor Paz Estenssoro, notable estadista del siglo pasado. Quizá tendríamos que decir lo mismo ahora. Tenemos, en nuestros días, a una Bolivia diagnosticada con un mal endémico, la peor crisis económica. Una situación provocada por los gobiernos de turno, de los últimos veinte años, quienes dilapidaron 65.000 millones de dólares. Importante monto que ingresó, en tiempos del auge gasífero, a las arcas del Estado. Que agotaron los recursos energéticos, además.
Actitudes demagógicas, no caben hoy en día. Se debería dar pausa a la intransigencia política. Deponer las intenciones de “voltear” al Ejecutivo. Relegar odios y rencores, a fin de salvar a Bolivia. En ese afán todos los actores políticos, sindicalistas, cívicos y otros, deberían alentar un debate responsable, con resultados que beneficien al interés nacional. Que no haya favoritismo en el llano ni en las altas esferas gubernamentales. Si se trata de austeridad, que ella recaiga a todos.
Acá no tienen cabida los demagogos y charlatanes de plazuela. Aquellos que propugnan la abrogación del decreto referido a la eliminación de la subvención a los combustibles. Una actitud regresiva, desde todo punto de vista. Que no contribuiría a la salvación de Bolivia, sino que la condenaría a la postergación. Mientras los vecinos avanzan viento en popa, Bolivia estaría rezagada por la mezquindad.
En suma: los bolivianos, que amamos con alma, vida y corazón a la Patria, estaremos siempre respaldando toda iniciativa que contribuya a su engrandecimiento. ¡Ahora más que nunca!

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