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La institución castrense

Severo Cruz Selaez

Fue un despropósito, en circunstancias tan complejas, cuestionar a quienes encaraban tareas de emergencia, encomendadas a ciertas unidades de las FFAA, en el lugar del desastre, en el altiplano paceño. Es sumamente difícil el momento que atraviesa la institución castrense del país. Jamás se había registrado un hecho de esa naturaleza en la historia. Sus adversarios, aprovecharon la ocasión para lanzar denuestos e inclusive intimidar a quien lideraba esas acciones.
Fue una actitud política, de tinte populista, el haber asumido, ante algunos familiares de las víctimas del cuartel de Viacha, el papel de “redentor” de los humildes y postergados. El “redentor”, de inspiración socialista, fue desmitificado acá, con la caída de los gobiernos de turno. Ya no existe tal “redentor”, hoy en día. Por haber incurrido en mitomanía e incumplimiento de las ofertas electorales. En una época donde se requiere sumar y no restar. Donde se requiere aunar esfuerzos, entre el Estado y la inversión extranjera, para sobrevivir dignamente. Pretendieron, los pocos que quedan, ganar indulgencia con la desgracia ajena. Aprovecharon la coyuntura para reivindicarse ante sus parciales. Buscaron retocar la deteriorada imagen que todavía les queda.
El populismo fue desplazado en la mayoría de los países del subcontinente. Últimamente en el Perú, con el triunfo de Keiko Fujimori. Con excepción, obviamente, de Brasil, donde se impone aún el izquierdismo del Partido de los Trabajadores, que dirige Luíz Inácio Lula da Silva. Pero la narrativa acerca de los discriminados, postergados y olvidados, tiende a eclipsarse, junto con el Socialismo del Siglo XXI.
La institución castrense, hoy golpeada por el desastre, es una de las fuerzas, que respalda la praxis de la democracia, restituida el 10 de octubre, de 1982. Fue un digno militar, de origen cochabambino, quien marcó la transición de la dictadura a la democracia. Se conduce al margen de las consignas políticas. No busca protagonismo, sino se limita a cumplir con su rol. Y hoy muchos políticos medran, en nombre del sistema de libertades. Surgieron, no olvidemos, los nuevos ricos, de origen socialista. Sistema que fue aprovechado, ciertamente, por algunos políticos, arribistas y oportunistas. Que hicieron un medio no solo de vida, sino de enriquecimiento. Que no poseen moral ni ética, pero son hábiles para engatusar. La crisis económica, que frustra los objetivos de crecimiento, con desarrollo sostenible, es también obra de ellos.
Se impone un Estado de derecho, en democracia, donde civiles y uniformados, conviven con sus funciones específicas. Funciones que ameritan respeto y consideración. Y que el autoritarismo, sea cual fuere su color o personaje, no debería asomar sus narices, porque representa el incordio, de siempre. El disociador, permanente.
En suma: los afectados por las explosiones del cuartel Viacha, necesitan, de manera urgente e imperiosa, el apoyo y resarcimiento de las autoridades correspondientes. ¡Ojalá así sea!

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