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Diplomacia educativa, IA y alertas mundiales

Abraham A. Trillo-Sarmiento

En los últimos días, las alertas mundiales fueron encendidas en muchos países por los resultados de las pruebas PISA, que denotan retrocesos en el aprendizaje humano. La diplomacia, no se aísla del problema, debiendo actuar en procura de fortalecer capacidades de formación académica a favor de sus connacionales. La Inteligencia Artificial (IA) e híper conectividad, están incidiendo en el comportamiento de la civilización humana, sus formas de aprendizaje y producción.
La combinación de tecnologías, como la IA con la robótica, está generando globalmente discusiones con trascendencia geopolítica, sobre la existencia y preservación de la especie humana. Dejando de lado aspectos especulativos, para trabajar en proyecciones de posibles escenarios, que impactaran en el comportamiento social, tal como se le conoce hoy en día.
Para Bolivia, el fortalecimiento de su sistema educativo, debe enfocarse como un tema de desarrollo estratégico y prioridad nacional, si pretende evolucionar y sobrevivir como país. Las brechas que surgen entre el actual desarrollo tecnológico, su aprovechamiento y adopción versus la simple observación y utilización, sin mayores aportes, diferencian a los países desarrollados de los que pretenden desarrollarse. No bastando identificarse con el sur global, para encubrir propias ineficiencias e incapacidades, emergentes de sistemas fallidos carentes de políticas de Estado.
Globalmente, las métricas reflejan dos caras de una misma moneda, por un lado, las sociedades híper conectadas, que con el uso de IA provoca que se lea y escriba menos, reduciendo el esfuerzo y la concentración; y por el otro lado, los que adolecen de infraestructura de conexión, provocando analfabetismo digital, evitando acceso a bibliotecas virtuales y profundizando el aislamiento educativo.
En educación, destacan las pruebas PISA de la OCDE y ERCE de la Unesco. En ninguna de ellas participa Bolivia desde hace años, arguyendo soberanía educativa a partir de propios modelos y mediciones (OPCE), apoyados en la Ley 070 Avelino Siñani – Elizardo Pérez. Mientras que, países asiáticos lideran rankings educativos y se refleja, en avances de sus propias sociedades.
Los resultados de Bolivia, a contrario sensu, arrojan que se ubica por debajo de la media regional, a partir de datos OPCE. Gráficamente, 7 de cada 10 niños no comprenden lo que leen. Si a eso se suma las deficiencias en la enseñanza e infraestructura, falta de acceso a material escolar, carencias en el acceso a herramientas basadas en TICs y más. A nivel presupuesto, la mayoría de los recursos asignados son para pagar salarios, quedando poco o casi nada para I+D+i. Mostrando un escenario complejo y la poca importancia que se le da a la investigación científica en Bolivia.
Luego, la diplomacia educativa, debe utilizarse como motor de la política exterior de un país, no bastando las acciones de un Ministerio de Educación. Pues la diplomacia, brinda la base política y técnica para las discusiones en la sociedad internacional sobre: gobernanza, estandarización, cooperación y soberanía tecnológica. Buscando activamente, reducir brechas existentes.
A Bolivia le urge activar su diplomacia educativa, porque le es vital como país si pretende avanzar, adoptando en su política exterior la obtención de recursos, financiamientos, cooperación bilateral, movilidad académica y transferencia de capital humano. Debiendo participar, en discusiones de expertos y adopciones de políticas basadas en la evidencia hacia una gobernanza equilibrada, en la que la IA por su evolución generativa, alerta en desplazar al ser humano, más aún en países de poco desarrollo y capacidad para confrontar amenazas reales, en un mundo de alta conflictividad.

El autor es diplomático e internacionalista.

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