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Peleas infructuosas

Severo Cruz Selaez

Los políticos están inmersos en discusiones bizantinas. En amenazas e insultos. Hechos que deterioran la unidad e impiden el crecimiento con desarrollo sostenible. Que alteran la paz social y el entendimiento civilizado. Que minimizan la vocación de servicio incondicional. Que debilitan el sistema democrático. Pero se advierte, al mismo tiempo, una leve predisposición al diálogo, entre quienes protagonizan la actividad política, a fin de abordar temas de incumbencia nacional. Tal relevante actitud, en definitiva, alentará la construcción de un futuro mejor. Ojalá ese intento arroje los frutos esperados. Es bueno, a estas alturas de la historia, limar asperezas.
Solo con diálogo, en unidad inquebrantable, podremos responder a los retos de la coyuntura. Desunidos nos iremos a la deriva, como siempre. No lograremos mitigar los efectos de la crisis económica, heredada de los gobiernos de turno. Menos encarar el problema de la escasez de dólares y de combustibles. Tampoco cubrir las tareas pendientes, en materia de salud, educación y otros. Ni reducir la pobreza y abaratar el costo de vida. Tendríamos que esperar prolongado tiempo, como sostienen los entendidos en temas económicos, para ver las señales de una posible solución al problema del país.
Entre tanto, como un país en vías de desarrollo, seguiremos bregando por alcanzar un destino competitivo en la región. Para que Bolivia, que atraviesa un escenario crítico y complejo, tanto en lo económico, como en lo político, no sea rezagada, frente a sus vecinos. Con una economía atada a los medios tradicionales como la minería. Y el declive del gas natural, que redujo ingresos a las arcas fiscales. Exportando recursos naturales, sin valor agregado. Ahuyentando a inversionistas extranjeros, que, quiérase o no, generarían empleo y traerían tecnología.
Lamentablemente, la ciudadanía está fraccionada en sectores que priorizan el avance y otros que prefieren el retroceso. Los primeros respaldan la transformación en democracia, pero tropiezan con cierta resistencia de los aleccionados, que obstruyen tales propósitos. Los segundos proclaman la convulsión a fin de que retornen los responsables de la ruina. Sin tomar en cuenta el desastre que provocaron.
En los últimos 20 años, que incluyen un extraordinario auge gasífero, los gobiernos de turno no pudieron reducir la pobreza. En esa época, (2OO7 y 2014), para colmo de males, la deuda externa casi se triplicó, llegando a 6.036 millones de dólares. Mientras uno de nuestros vecinos, con quien tuvimos un conflicto en 1879, logró disminuir los índices de pobreza. Posee hoy, en consecuencia, el menor porcentaje de ese mal crónico. En Bolivia, solo surgieron los nuevos ricos, de tinte socialista. Con dineros fiscales y cuyos montos corren en cuentas extranjeras.
En suma: por la unidad los políticos deberían deponer sus mezquindades. La prioridad de todos los tiempos es resguardar el interés nacional. Fortalecer ese objetivo es una manera de hacer Patria.

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