Con mucha alegría y orgullo, se conoció que el boliviano, Sr. Adhemar Guzmán Ballivián, fue nombrado Secretario General de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), para el periodo 2026-2029, mediante Resolución 90 del Consejo de Ministros. Organismo regional integrado por 13 países.
La relevancia de la ALADI, como bloque de integración, Tratado de Montevideo de 1980 (TM80), tiene objetivos dirigidos a: a) la reducción de aranceles, a través de eliminación de barreras comerciales entre sus miembros; b) el fomento al pluralismo económico, a través de instrumentos multilaterales o bilaterales y c) cooperación y apoyo técnico a países dentro del bloque, incluyendo a los de menor desarrollo relativo, mediante “tratamiento diferencial” que incluye adicionalmente a países mediterráneos.
Para Bolivia, la ALADI posee mucha importancia, dado que brinda el soporte y andamiaje jurídico e institucional, para la articulación de otros bloques subregionales, como: Mercosur, CAN y la Alianza del Pacifico. A través de, una especie de estandarización jurídica común ante la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Desde el punto de vista económico-comercial, la ALADI administra el flujo comercial de $us 150.000 millones anualmente, a través de beneficios arancelarios. Sin embargo, éstos últimos no son aprovechados plenamente, pues se estima que 1 de cada 10 productos comercializados, aprovechan las ventajas normativas pactadas sobre aranceles. Lo que resta fuerza a la ALADI para liderar las convergencias normativas dirigidas a la digitalización aduanera y apoyos a las micro y pequeñas empresas (MIPYMES).
En el caso de la Secretaría General, hoy liderada por un boliviano, tiene importancia regional por sus atribuciones de proponer normativas, generar estudios de análisis estratégicos y mediar en acuerdos comerciales regionales. Lo que, además, brinda la posibilidad de articular alianzas público-privada (APP) y que, desde la óptica geoeconómica, la región requiere con urgencia.
Para Bolivia y su diplomacia, los desafíos se elevan, pues el país tiene el 100% de los acuerdos de libre comercio bajo el marco de la ALADI, como: el ACE-36 (Mercosur), ACE-22 (Chile) y ACE-66 (México). Incluyendo, aplicación de preferencias arancelarias de hasta un 48% del arancel general en mercados de alta escala como son los de Argentina o Brasil, al tener condición de País de Menor Desarrollo Económico Relativo (PMDER).
Desde el punto de vista operativo, Bolivia debe adecuar 3.974 normas técnicas y 84 acuerdos internacionales, para compatibilizar las normas bolivianas con las del Mercosur, hasta AGOSTO de 2028, teniendo inicialmente 4 años para tal fin y hoy, menos de 2 años para hacerlo. Compromiso que asumió voluntariamente Bolivia, con base en la ratificación de su compromiso formal de adhesión.
Si bien Bolivia, dentro del Acuerdo de Facilitación de Comercio (AFC) de la OMC, está implementando la Ventanilla Única de Comercio (VUC), siendo una obligación internacional que debía cumplir hace años y que delató hasta 2030, es un avance importante. Debiendo trabajar en la armonización en áreas de Alimentación y Sanitarios, regulación química y cosmética. Observando que ni siquiera se cumple plenamente con los Convenios de Rotterdam, Basilea, Estocolmo y Minamata, del cual el Estado boliviano es parte y ratificó los mismos.
Mercosur, implica apertura para mercados exigentes de la UE. La adecuación normativa no es automática y requiere procesos internos que se siguen dilatando; la confrontación normativa, CAN y Mercosur, debe evitar incompatibilidades. La diplomacia boliviana, adolece de improvisación técnica, con sus meritorias salvedades, con desfase institucional, subordinación ideológica o al gobierno de turno, confusión estratégica y una diplomacia asimétrica perjudicial, que terminó aislando a Bolivia de corredores bioceánicos, perdiendo ventajas frente a países limítrofes.
La labor del actual Secretario General de la ALADI, debe ser bien acompañada por el Estado boliviano, cumpliendo sus compromisos con responsabilidad, guiándose en la conformación de equipos diplomáticos técnicos permanentes, como los que tiene Argentina o Brasil. Bolivia, tiene personal diplomático de alto nivel y debe asumir el desafío de cambiar la diplomacia asimétrica perjudicial por una diplomacia estable y especializada. Bolivia lo demanda y lo merece.
El autor es diplomático e internacionalista.
