Algunos gobiernos de izquierda, en la región, son amistosos y receptivos con la inversión extranjera directa. Asumieron, en ese contexto, la apertura económica, a fin de posibilitar la llegada de capitales frescos, dando prioridad, básicamente, al desarrollo de sus países, dejando de lado sus tendencias ideológicas. Es que adquirieron, para alcanzar días mejores, una conciencia plena de desarrollo, por el bien común. Desarrollo que pasó a ser uno de los objetivos principales, en las políticas gubernamentales.
Los gobiernos responsables no juegan con el destino de sus pueblos. No antepusieron sus inquietudes ideológicas, ante las inquietudes de interés nacional. La historia ha recogido tales actitudes. Prueba de ello es el gobierno que preside, el mandatario brasileño Luíz Inácio Lula da Silva, líder del Partido de los Trabajadores, de esencia izquierdista, con apego no solo a su convicción política, sino particularmente a su país. Predispuesto siempre a trabajar con la inversión extranjera por el bien común.
Brasil, coloso del subcontinente, tiene una población aproximada de 213,562,666 habitantes. País sudamericano que, por su producto interno bruto, tamaño y peso industrial, goza de una poderosa economía. Misma que supera a México, su competencia más cercana en la región. Tanto Brasil como México, son los países más ricos. El primero posee una alta atracción de capitales foráneos. Recibe, en ese contexto, la mayor cantidad de inversión extranjera directa. Estados Unidos, nación cuestionada siempre por los socialistas, se mantiene como el líder histórico, entre quienes promueven las actividades respectivas. Podemos mencionar a Países Bajos, Francia, España, China y otros.
El presidente Lula adoptó un enfoque pragmático, que prioriza el crecimiento económico y el desarrollo sostenible del Brasil. Sus gestiones gubernamentales, pese a su tendencia política, siempre han buscado atraer capital extranjero, por interés nacional. Pero bajo ciertas condiciones, bien definidas.
Los izquierdistas de nuestro medio, que repiten “como discos rayados”, las peroratas del decadente Socialismo Siglo XXI, consideran que la inversión extranjera directa, es un modelo depredador de los recursos naturales. Que los grandes capitales transnacionales vulneran la soberanía nacional. Que profundizan la dependencia económica. Esa es la teoría que manejan aquellos.
Las acciones aunadas promueven el crecimiento, con desarrollo sostenible, de países, grandes y pequeños. Facilitan capitales frescos y tecnología. Contribuyen a la solución de los problemas más inmediatos. Particularmente, el desempleo, que marca índices elevados. Los discursos no obran de esa manera, menos las ideologías. Discursos e ideologías que no hacen otra cosa que alejar las respuestas a los retos de la historia. No suman, sino restan. Las operaciones compartidas, en cambio, construyen, de cara al futuro.
En suma: los bolivianos, tomando como ejemplo a Brasil, deberíamos operar con capitales extranjeros.
Lula e inversión extranjera
Severo Cruz Selaez
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