Asegurando que el desgaste político que actualmente sufre el gobierno del presidente Rodrigo Paz era algo previsible y lógico, la exsenadora por Santa Cruz, Centa Rek, señaló que dicha situación debía acontecer debido a que gobernar un país después de casi dos décadas de un modelo estatista de subvenciones insostenibles, gasto desmedido y una relación perversa entre el poder político con la dirigencia sindical, no podía ser una tarea sencilla.
En criterio de Rek, más temprano que tarde, debía tener lugar este desgaste, tomando en cuenta que el país no solamente atraviesa una crisis económica, sino una profunda fragmentación política y social que el “masismo” generó para mantenerse en una posición de poder.
“El país está dividido en múltiples parcelas de intereses, mientras intenta salir de un modelo en el que el MAS utilizó la subvención como mecanismo de contención social y convirtió, en demasiados casos, la relación con dirigentes sindicales y colectivos organizados en una forma de intercambio de favores, consentimiento y silencio. El resultado fue el progresivo vaciamiento de las arcas públicas”, explicó.
Afirmando que tratar de sacar al país de una situación compleja, de la noche a la mañana, es sencillamente una ilusión, sostuvo que reencaminar una economía acostumbrada durante años a la subvención, al gasto público y al paternalismo estatal, tiene costos reales que alguien debe asumir.
Por eso, preocupa que existan operadores interesados en agitar las aguas hasta el punto de intentar precipitar la caída del actual gobierno. “Como si abortar el período constitucional y provocar un recambio en medio de la tormenta constituyera una solución”.
En esa línea, Rek indicó que cambiar de gobierno no cambiará mágicamente las condiciones económicas ni eliminará el enorme agujero fiscal, la pérdida de reservas, el deterioro institucional ni la cultura política construida durante años. Al contrario: una interrupción democrática en medio de una crisis podría abrir la puerta a escenarios todavía más peligrosos.
Ante el “fantasma” de un posible retorno del MAS, no por representar una solución a los problemas del país, sino por su estructura política y social capaz de explotar el descontento, capitalizar la desesperación y ofrecer respuestas populistas, la exlegisladora alertó que un eventual retorno del partido azul podría significar la restauración de prácticas que insostenibles ya conocidas como un mayor estatismo, debilitamiento de la iniciativa privada, presión sobre la propiedad, utilización política de los recursos públicos y una relación de subordinación entre el Estado y determinados sectores organizados.
Posibilidad que esta vez podría ser mucho más difícil de detenerse ante una sociedad agotada por la crisis.
“Las soluciones extremas pueden encontrar terreno fértil. Cuando la gente pierde la esperanza, puede terminar aceptando como salvación aquello que en realidad constituye una nueva forma de sometimiento. Por eso hay que decirlo con claridad: nadie tiene hoy la fórmula mágica para salvar a Bolivia”, apuntó Rek a través de sus redes sociales.
Asimismo, alegando que sectores como el empresariado son conscientes de que la subvención, en las condiciones actuales, es inviable, dijo que corresponde discutir cómo distribuir ese costo con justicia, protegiendo a los sectores más vulnerables y generar las condiciones para que la producción, la inversión y el empleo vuelvan a crecer.
En esa línea, cuestionó y calificó como irresponsable que “operadores del caos”, movidos por cálculos estrictamente personales o políticos, actualmente estén “echando gasolina al fuego” pretendiendo que quienes tendrán que enfrentar las consecuencias sean también quienes detonen el incendio.
“Bolivia no necesita más incendios. Necesita racionalidad, instituciones, decisiones difíciles pero democráticas. Necesita que quienes tienen responsabilidades políticas comprendan que gobernar no significa únicamente administrar el presente, sino evitar que el país quede atrapado en una espiral de violencia, ingobernabilidad y ruptura institucional”, aseveró.
Finalmente, afirmó que el camino no es derrocar al gobierno para empezar de nuevo, sino exigir mejores decisiones, corregir errores, dialogar con los sectores afectados y enfrentar la crisis con responsabilidad, tomando en cuenta que el mandato democrático debe cumplirse no solo por legalidad, sino por responsabilidad y sobre todo por prudencia.
“El MAS dejó a Bolivia sobre un terreno minado. Dejó un polvorín económico, social e institucional que puede estallar ante cualquier chispa. Precisamente por eso, quienes hoy juegan a encender el fuego deberían preguntarse quién tendrá que vivir después entre las cenizas. Bolivia no necesita otro salto al vacío, necesita atravesar el temporal sin destruir el barco”, agregó.

