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Falta de inversión privada provoca más informalidad

> La recesión económica proyectada para la presente gestión de -3,6% es similar a la que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial estimaron para Bolivia, -3,3% y 3,2%. Se requieren condiciones para revertir la actual situación y una de ellas es abrir más espacio al capital privado.

La inversión privada bajó en los últimos 10 años, lo que se traduce en menos empleo y un aumento de la informalidad, que a nivel regional está en 55%, pero en Bolivia ronda el 85%, además la crisis económica y energética provocará mayor porcentaje. En las últimas semanas, el gobierno de Rodrigo Paz envió un proyecto de Ley de Inversiones a la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) para su tratamiento, el cual busca fomentar y atraer capital nacional e internacional.
El 55% de los trabajadores en América Latina realiza su trabajo en la informalidad, una cifra que se ha mantenido alta durante casi dos décadas. Este es solo uno de los datos claves que se debe tener en cuenta para lograr un objetivo fundamental para el futuro de la región: crear empleo de calidad, señala el documento “Racionalizar la informalidad: Protección social, calidad del empleo y crecimiento”, del Banco Mundial.
La pandemia de 2020 empujó a más gente a la informalidad debido al cierre de empresas y las restricciones aplicadas en cada país, el desempleo se incrementó y se redujo el empleo formal a nivel mundial.
En el webinar de Fortaleza Safi, el economista Jaime Quevedo expuso el tema de perspectivas de la economía boliviana para el 2026, en el cual explicó que Bolivia ingresó en recesión, cuya situación tiene un efecto importante en el país y salir de este contexto va a requerir medidas importantes.
Uno de los componentes que se debe tomar en cuenta es la inversión y el consumo de hogares, que representa entre el 60% a 70% del Producto Interno Bruto (PIB).
El experto sostiene que la inversión es una variable importante para hablar de crecimiento económico, en los últimos años la pública fue superior a la privada, y en parte es responsable del crecimiento económico del país a raíz de la reducción de la producción de gas y la pérdida de mercados.
La inversión privada es importante porque viene con la generación de empleo; sin embargo, se estancó y desde el 2015 no crece.
La inversión estatal genera empleo de corto y mediano plazo a través de la ejecución de proyectos carreteros, hospitalarios, pero si se ajustan los recursos destinados a obras, hay riesgo de que el desempleo pueda subir.
Entretanto, la inversión privada inyecta capital para expandir sus operaciones, no sólo se invierte en proyectos. Las empresas no están invirtiendo en expandir e instalar sus fábricas para crecer, lo que provoca que la economía se estanque, reflexionó el economista.
Condiciones
En los últimos años, el Gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) congeló la inversión privada para que el Estado tome más protagonismo en la economía boliviana, con resultados negativos, ya que muchas iniciativas estatales están en quiebra y ahora se trabaja en su cierre o en asociaciones público privadas.
El capital privado nacional y extranjero dejó de invertir porque no había las condiciones para que las compañías operen en Bolivia. A partir de la nacionalización de los hidrocarburos, de las empresas mineras, de electricidad y de telecomunicaciones, la imagen del país se deterioró.
Es por ello que, Quevedo sostuvo que la inversión privada demanda condiciones para que empresarios puedan invertir.
Consumo
El analista económico explicó sobre el aumento de la inflación, el incremento de precios de los productos provocó cambios de consumo en la población, ya que las familias ya no pueden seguir el ritmo de compras, como lo hacían, por el aumento de valor de los artículos.
Se puede observar en el mercado que el precio de la carne subió en casi 100%, mientras el presupuesto apenas se incrementó en 30%.
“Las familias priorizan sus compras de alimentos básicos y dejan de consumir otro tipo de productos, es decir ya no compran equipos electrónicos con la intensidad que lo hacían, y esta situación hace que las empresas vendan menos, lo que hace difícil que los privados aumenten su inversión”, detalló.
Proyecto de Ley
de Inversiones
Semanas atrás, autoridades del Gobierno informaron el envío del proyecto de Ley de Inversiones a la Asamblea Legislativa para su tratamiento y posterior aprobación. La norma busca atraer capital nacional e internacional, mediante incentivos, seguridad jurídica y apertura de todos los sectores económicos.
Por ejemplo, el consultor en hidrocarburos Álvaro Ríos, en reiteradas oportunidades, abogó por la salida de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y el ingreso del capital privado en toda la cadena hidrocarburífera.
También el sector minero espera una norma para que el capital internacional ingrese y pueda operar, además que la inversión llegue a cifras similares a las que tienen Chile y Perú, por encima de los 10.000 millones de dólares anuales.
Mientras el consultor en energía Boris Gómez Úzqueda planteó una Ley de Electricidad para que las empresas puedan invertir en la generación de energía eléctrica y centros de datos.
Mirar de palco
o actuar
El informe del Banco Mundial sostiene que comprender por qué las personas eligen determinados tipos de empleo y qué obstáculos enfrentan las empresas para crecer, resulta fundamental para fomentar trabajos de calidad.
Asimismo, es clave adaptar los sistemas de protección social a una economía cambiante para garantizar una mayor protección social, avanzando así hacia un mayor bienestar para las familias y personas.
“Quedarse de brazos cruzados no es una opción, especialmente cuando la región enfrenta el reto demográfico de integrar a millones de jóvenes al mercado laboral. La región tiene la oportunidad de transformar sus mercados laborales si logra alinear el desarrollo del talento, la construcción de un entorno propicio para los negocios y la protección social en torno a un objetivo común”, destaca el documento.
La nota de la entidad internacional indica que la informalidad laboral está lejos de constituir un bloque homogéneo de personas. Los trabajadores toman decisiones en función de sus capacidades, preferencias y circunstancias.
Por ejemplo, no es lo mismo un asalariado informal (quienes suelen ser jóvenes en etapas de transición o que enfrentan barreras específicas de acceso) y los trabajadores por cuenta propia. Estos últimos optan frecuentemente por el autoempleo de manera prolongada y deliberada, valorando activamente “prestaciones” como la flexibilidad horaria, la autonomía y la independencia laboral, detalla.
Aclaró que la evidencia muestra que la mayor parte de la actividad informal prospera en micronegocios y empresas familiares orientadas a mantener una escala local y cercana, en lugar de una trayectoria de alto crecimiento corporativo.
“El desafío central radica en la necesidad de fortalecer el tejido empresarial para que más firmas con potencial productivo logren expandirse, generar más puestos de trabajo e invertir y generar valor sostenible. La creación sostenible de empleos de calidad depende de un sector privado dinámico, capaz de invertir, innovar, crecer y generar oportunidades a gran escala”, resalta el texto.
Educación
El desarrollo de nuevas habilidades es el motor más potente para fortalecer la economía: una mejor educación técnica expande las oportunidades de empleo de calidad para los trabajadores, mientras que la capacitación empresarial permite a los emprendedores dar forma a proyectos más sólidos y competitivos generando más empleo de alta calidad, de acuerdo al documento.
Al mismo tiempo, se busca modernizar la arquitectura de la protección social para que su prioridad sea proteger de manera directa a las personas y sus necesidades en lugar de su estatus de contratación. Este avance se potencia sustancialmente al complementarse con un entorno regulatorio predecible y un acceso inclusivo al financiamiento, dijo.
“Comprender las preferencias de los trabajadores es un aporte valioso para diseñar una combinación de políticas que permita la creación de empleos de calidad y altamente productivos, señala el economista en jefe del Banco Mundial, América Latina y el Caribe, William F. Maloney.
El mercado laboral de América Latina y el Caribe se divide en cuatro sectores clave que difieren profundamente según la edad, la educación y los ingresos de los trabajadores.
El autoempleo formal estable representa el porcentaje más pequeño. Se consolida en etapas avanzadas de la vida laboral tras acumular capital, experiencia o acceso al crédito; el autoempleado informal crece con la edad. Es el epicentro de la informalidad. Los trabajadores entran principalmente por oportunidad, priorizando la autonomía y la flexibilidad horaria; el asalariado informal, una puerta cerrada. Tiene alta rotación y baja antigüedad. Funciona como una plataforma transitoria o trampolín para trabajadores jóvenes de baja calificación y el asalariado formal no es para toda la vida. Aunque ofrece mejores ingresos promedio, pierde trabajadores senior que migran al autoempleo buscando flexibilidad frente a la rigidez del sector formal, según el Banco Mundial.
“7 de cada 10 personas en Bolivia tienen un empleo informal. Sin estabilidad ni protección, muchas de estas personas viven en una situación frágil, donde cualquier crisis o impacto negativo puede devolverlas a la pobreza.​ La informalidad no solo limita las oportunidades individuales, también frena el desarrollo sostenible del país para consolidarse como un motor de crecimiento y equidad”, destaca el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en su cuenta de Facebook.

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