Bolivia afronta los XIII Juegos Sudamericanos de Santa Fe 2026 con un objetivo deportivo claro: alcanzar al menos 15 medallas en el medallero general. Según la planificación del Comité Olímpico Boliviano (COB), las metas trazadas contemplan la obtención de cuatro preseas de oro, cuatro de plata y siete de bronce.
La estrategia de victoria del país descansa casi de forma absoluta en el ráquetbol, disciplina donde Bolivia es potencia mundial. Ante la ausencia de potencias norteamericanas en este certamen regional, la delegación nacional parte como la principal favorita para dominar las pruebas masculinas y disputar los máximos honores.
El chuquisaqueño Conrrado Moscoso, actual número dos del ranking mundial, encabeza la nómina de atletas con opciones reales de podio. El deportista competirá en cuatro modalidades: singles, dobles, dobles mixto y equipos, buscando superar sus propios récords históricos en eventos multideportivos.
El incentivo para el equipo de ráquetbol va más allá del podio continental.
En contraste con las aspiraciones deportivas, la logística de la delegación está condicionada por restricciones económicas severas. Para optimizar los recursos disponibles, las autoridades olímpicas dispusieron que una parte sustancial de la comitiva realice el viaje por vía terrestre.
Los traslados por carretera implican travesías de aproximadamente dos días cruzando varios puntos del país antes de ingresar a territorio argentino. Tanto dirigentes como entrenadores y atletas de disciplinas como el voleibol de playa y atletismo comparten este itinerario de viaje.
Más allá de los resultados inmediatos, el COB considera esta cita suramericana como un parámetro de evaluación clave. Las competencias servirán para medir el rendimiento del ciclo olímpico con miras a los Juegos Bolivarianos que albergará La Paz en 2029.
250 deportistas bolivianos estarán presentes en Rosario, en 31 especialidades.
ERWIN QUISPE PERCA
