Supuestos hechos de corrupción y la escasez de carburantes, se constituirían en detonantes de la subversión extremista, próximamente. Que serían utilizados para acortar el mandato constitucional del presidente Paz. Estarían esperando, para ejecutar ese plan diabólico, la conclusión del estado de excepción. Se estarían reagrupando los sectores afines al Socialismo Siglo XXI. Aquellos que no coinciden con la apertura económica ni política, menos con la inversión extranjera directa. Son enemigos recalcitrantes del coloso del norte. Amigos y admiradores de las dictaduras socialistas. La consigna ya fue lanzada desde el trópico. “Se viene octubre negro”, dijeron en son de amenaza.
Participarían de tales hechos, quienes presumen de manos limpias. Que jamás habrían metido las manos en las arcas del Estado. Que habrían honrado la austeridad. Que la riqueza que poseen seria producto de su trabajo. Que nunca habrían conculcado los derechos humanos. Tampoco habrían incurrido en fraude electoral. Menos habrían ocasionado la crisis económica, que, según el analista en temas fiscales y presupuestarios, René Martínez, de la Fundación Jubileo, tendrá una duración de siete años.
Pero están decididos a buscar el retorno de anteriores gobernantes, que despilfarraron los recursos del auge gasífero. Que agotaron ese recurso energético. Parece que todo ello estaría digitado, para que vuelvan los que provocaron la ruina nacional. Hablan de salvar Bolivia, qué ironía, cuando ellos causaron la devastación del país.
En ese contexto pretenden impartir lecciones de honestidad y transparencia, de responsabilidad y moral política. Habría que recordarles sus actos nocivos, desde el 2006, en contra los intereses nacionales. Actitudes que se inscriben debidamente, en la memoria del conjunto boliviano. Como la crisis económica, que destruyó el destino nacional. Misma que frustra los objetivos de crecimiento con desarrollo sostenible. Críticos acérrimos de la gestión gubernamental, que apenas tiene nueve meses, parece que estuvieran desesperados por retomar el Poder para enriquecerse.
Si con el problema de los combustibles logran deponer al presidente Paz, lo propio harán con quien se haga cargo del ejecutivo. La economía está debilitada, por cuanto las exportaciones no son significativas. Además, el elevado costo de importación de aquel producto, y el precio de venta congelado en el mercado interno, nos arruina. El sustituto de Paz tendría que tener una varita mágica para revertir esas realidades. Tendría que gozar de unidad nacional para sobrevivir a las “tormentas sociales”. Gozar de la simpatía de orientales y occidentales, de pobres y ricos, en caso contrario estará contra la pared. Criticar es fácil, pero otra cosa es con guitarra. Gobernar Bolivia, no es una taza de leche. Particularmente en tiempos de vacas flacas.
En suma: quienes practican política deberían actuar con espíritu patriótico, en la perspectiva de construir un país competitivo, como un referente en Sudamérica.
Corrupción y combustibles
Severo Cruz Selaez
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