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Desde la conciencia ciudadana

El puente y lo que no se ve

Lavive Yáñez Simon

Hay noticias que debemos celebrar, pero también aprender a mirar con los ojos abiertos.
Brasil asumirá el 100% del financiamiento del puente sobre el Mamoré. Bienvenido sea. El Beni necesita integración y no podemos seguir aislados. Pero como ciudadanos tenemos derecho a hacer una pregunta: ¿qué hay detrás de tanta generosidad?
No necesariamente hay algo malo. Hay algo mucho más sencillo: Brasil tiene intereses y una estrategia. El puente forma parte de un corredor que busca reducir costos, facilitar el comercio y conectar su producción con nuevos mercados. Eso es legítimo.
La pregunta es: ¿y cuál es la estrategia de Bolivia?
Porque mientras Brasil piensa en corredores, logística, producción y mercados, nosotros corremos el riesgo de celebrar solamente el puente. Un puente no es desarrollo. Es una herramienta.
Puede llevar nuestra producción al mundo o puede convertirse en una vía más eficiente para sacar nuestra riqueza sin que el mayor valor quede aquí.
Ya conocemos esa historia. Hemos visto cómo grandes obras, en nombre del desarrollo, también pueden abrir caminos a la deforestación, afectar humedales, presionar nuestros bosques y facilitar la extracción de recursos, mientras las comunidades siguen esperando que la riqueza se convierta en bienestar.
No necesitamos repetirla.
Rondônia está fortaleciendo su producción y su cadena ganadera. Existen centros de engorde y una estructura logística que debemos conocer y comprender. ¿Y nosotros?
¿Dónde están nuestros centros de confinamiento? ¿Nuestros frigoríficos? ¿Nuestras plantas de transformación? ¿Nuestra energía competitiva? ¿Nuestras carreteras internas transitables todo el año?
No podemos pedirle al productor beniano que compita con Brasil mientras le damos caminos deficientes, energía cara y pocas condiciones para agregar valor.
También debemos pensar dónde industrializamos. Se habla de un parque industrial en la frontera. Riberalta merece, sin duda, oportunidades de industrialización. Pero una política industrial seria no puede limitarse a pensar en el lugar por donde sale la producción.
La industrialización debe comenzar donde nace la producción.
Reyes, San Borja, Santa Rosa y cada territorio productivo necesitan capacidad para transformar lo que producen y generar empleo antes de que la mercancía llegue a la frontera. La frontera debe ser una puerta al mercado, no el lugar donde recién empieza nuestro negocio.
Por eso, el debate no debería ser solamente quién paga el puente.
La verdadera pregunta es quién ganará con todo lo que pase por él.
Brasil está pensando en su competitividad. Bolivia debe pensar en la nuestra. No queremos cerrar las puertas a nuestros vecinos. Queremos abrirlas con inteligencia.
Queremos inversión, pero también industria. Queremos integración, pero con reciprocidad. Queremos exportar, pero no solamente materia prima. Queremos que la riqueza se transforme y genere empleo en nuestra tierra.
Porque el Beni está cansado de producir para que otros transformen, comercialicen y prosperen. No queremos ser el semillero de la riqueza de nuestros vecinos. Queremos competir con ellos. De igual a igual.
El puente puede ser histórico. Pero para que realmente transforme al Beni, necesitamos construir mucho más que un puente: necesitamos construir nuestra propia capacidad de producir, transformar y competir. Y esa responsabilidad no podemos delegarla en ningún país vecino ni dejarla en manos de los políticos de turno.
Desde la conciencia ciudadana, la pregunta queda abierta: ¿Estamos construyendo una ruta para que nuestra riqueza se vaya, o una plataforma para que el desarrollo se quede?
El Beni no necesita solamente que le abran caminos. Necesita que esos caminos conduzcan hacia su propia prosperidad. Es hora de despertar.

La autora es Comunicadora social.

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