Se trata de dar el tiro de gracia a la difusa existencia de partidos políticos profundizando el programa masista, organización corporativa que fue precisamente la expresión viva de esta destrucción.
Este proyecto, no es novedoso, puesto que a finales del año 2003 y principios de 2004 –pocos lo saben– ya pretendía ser puesto en marcha con la creación de un “partido” político, llamado “partido ciudadano”, cuyos proyectistas negaban la existencia de la expresión “de izquierda” en su denominación. Y para disimular esta situación, evitando ser catalogado como partido de “izquierda”, trataban de corregir sutilmente este título, utilizando la denominación de “la izquierda”; es decir, se buscaba negar ser un partido de izquierda aunque un poco vinculado a “la” izquierda, que no era lo mismo, al decir de sus impulsores.
Esta intención fracasó, debido a que inesperadamente surgieron una serie de acusaciones en contra de algunos directores de dicha organización política. Al parecer hoy recrudece este planteamiento, ya que al señalarse genéricamente que se gobernará con organizaciones estatales departamentales, así como con las formaciones partidarias regionales, se trata de reavivar el proyecto antedicho, volcando las espaldas al partido que los postuló.
En el fondo y forma este proyecto trata de resucitar el proyecto del “partido ciudadano” informe, incoloro y anodino, que supuestamente puede ser de izquierda o de derecha, sin que interese la identificación de esta personalidad política, filosófica y jurídica, naciendo así el reconocimiento a “partidos” políticos “apartidarios”.
Se repite, como rezando el Padre Nuestro, que la “democracia” puede existir gracias a la existencia de los partidos políticos, se dice que sin ellos no hay “democracia”, resultando que el proyecto de apartar a los partidos políticos de la actividad pública, dando preferencia a “partidos” difusos, sin carta de principios filosóficos, sin programa de acción, sin militancia, se termina poniendo fin a la verdadera vida partidaria, al intercambio y defensa de ideas.
Este proyecto no hace otra cosa que dar muerte a la vida pública partidaria, desaparece la contradicción, el cotejo y defensa de principios partidarios que siempre están en relación o en contra del pensamiento y acción de los propios ciudadanos. No puede haber acción partidaria si no existe vinculación con el pensamiento y las necesidades del ciudadano individual y colectivo. De ahí que por definición un partido político es necesariamente ciudadano. No se gobierna para las vacas o para las piedras.
Sin el apoyo e inclusive sin el rechazo de “parte” del ciudadano plural no puede haber un verdadero partido político. La identificación de “izquierda” o “derecha” es insoslayable, es la pauta de que la sociedad va para atrás, para adelante o se mantiene en statu quo.
El llamado a que no se gobierne con auténticos partidos políticos enclavados en las necesidades, pensamiento y aspiraciones de cada ciudadano (que pueden ser contradictorias entre unos y otros), es un llamado a la proterva vida de tránsfugas, oportunistas, vividores y aventureros, que es precisamente lo que tanto daño le hace a la sociedad.
Que los partidos políticos no siempre han sido un dechado de virtudes es una verdad universal, pero para seleccionarlos con sus probidades y desgracias, está precisamente el ciudadano bien formado, no el incauto e ignaro, que sabe seleccionar lo bueno y volcarle las espaldas a lo malo.
En todo caso, es una lástima que se incite al transfugio.
El autor es jurista.
