Un elemento real, tangible y a la vez preocupante, es cuando los padres de familia enjuician o subvaloran al docente. Esto se suma a los rumores o comentarios negativos que pueden perjudicar enormemente la profesionalidad y funciones de un profesor, y la motivación que luego éste puede mostrar en su trabajo diario.
‘Un talón de Aquiles’ (*) en el profesorado, que hace ‘saltar las alarmas’ de los padres de familia, resulta cuando sus descendientes, se ven afectados por bajas calificaciones, algo así como «me sorprende… pero si él o ella, nunca, pero nunca habían salido mal en las notas…».
Es claro que los profesores son los responsables de la educación de sus hijos en el centro de enseñanza, ocupando un rol de complemento de la educación, que acompaña la gestión que han de realizar los padres en el hogar, NO la sustitución. ¿Qué es lo ideal?, que exista una sensación de equipo entre padres y docentes, de complementariedad, cooperación y colaboración.
El factor sorpresa para los padres, no ha de resultar una justificación que haga ‘tambalear’, el desempeño del docente, que no solo imparte contenidos de la asignatura literalmente, ya que también promueve, mediante numerosas actividades, la formación en valores: trabajar en equipo, la entrega de tareas a tiempo, la honestidad, el amor y respeto a los símbolos patrios, entre muchos, pero que además dedica un tiempo extra, para su preparación misma.
Por supuesto, entre ambos ‘bandos’ deberá primar una comunicación efectiva y asertiva que acerque a estos protagonistas donde desde la escuela (docente y apoyo institucional) se informe, se analice la marcha integra del estudiante, ya que no solo se dará a conocer lo negativo, también lo positivo.
Si bien lo anterior ha de ser una, de tantas, herramienta esencial, para el mejor desempeño del estudiantado, suele ocurrir y posiblemente con mayor énfasis, según la indebida interpretación, que la exigencia, el rigor por parte del docente, resulta el factor clave para los deficientes resultados académicos de los estudiantes. No así en el caso de padres que en su momento pudieron ser castigados bajo el efecto de alguna amenaza de agresión física, por ejemplo: Si no sacas buenas notas, ¿ves esta sandalia? Pero en los tiempos modernos, suelen asumir –no todos– un escudo de paternalismo proteccionista, laxo, ante la evaluación.
«¿Dejó a mi hijo aplazado por un punto? Voy a hablar con la Dirección…».
En cualquier caso, ante un llamado de atención que el estudiante reciba, será esencial que el padre tenga conocimiento de ello, pero que actúe en coherencia con el centro de estudios, manifestando su disgusto al hijo (no con el profesor). De demostrar complicidad con su hijo, criticando al profesor, es muy probable que el discípulo se sienta defendido, «intocable», y le dé igual el llamado de atención o sanción que se le hizo. Por supuesto, ante esa falacia, más temprano que tarde el estudiante será afectado.
No olvide que la coherencia en las actuaciones educativas, entre centro de estudios y casa, es uno de los factores más importantes para garantizar buenos resultados académicos. Pero también un adecuado desarrollo como persona; hay cuestiones del día a día que los padres no pueden conocer porque no están en el aula, por lo que los docentes deberán recibir un voto de confianza.
(*) Expresión que se utiliza para referirse a un punto débil de una persona o cosa.
El autor es Licenciado en Ciencias Pedagógicas.
