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Ciudad de La Paz, cementerio de árboles

Es muy notoria para la población de la ciudad de La Paz, la gran cantidad de árboles que están en las aceras de las principales avenidas de la ciudad de La Paz, los cuales se encuentran en mal estado. Esta observación no es nueva, pero la situación empeora después del abandono casi total que sufrieron los árboles en años recientes. Lo cierto es que muchos de esos seres vivientes crecen deformados, sin atención o mueren en silencio. El descuido llega inclusive a unos arbolitos ubicados en la acera del Palacio Consistorial, sin  que  alguien advierta su existencia, lo que revela la carencia hasta de sentido humanitario.

El problema se presenta desde hace años y causa tristeza en los viajantes y, en especial, en turistas extranjeros, que se conmueven ante esa visión de árboles maltratados, debido a la indiferencia de alcaldes que han dado preferencia a la suscripción de contratos para grandes obras, pero que, en ningún caso, salen a recorrer las calles para compartir con los ciudadanos paceños y conocer directamente cómo es la vida en la ciudad.

La falta de atención a los árboles se origina, entre otras causas, porque los que no son paceños no conocen las necesidades de esta urbe. Y solamente se ve a los alcaldes, con pocas excepciones, pasar por las calles en vehículos modernos, protegidos por policías y otro personal. Este defecto se debería a que, en la mayoría de los casos, no son nativos de La Paz, sino de otros departamentos e inclusive de ciudades secundarias.

No está por demás señalar que los árboles son los pulmones de un centro humano. Y que en otras ciudades con atendidos con cariño y preferencia, como ocurre actualmente en Cochabamba, cuya ciudad ha sido convertida en un paraíso, por acciones de personas respetuosas del medio ambiente. En efecto, se ve a gente desde horas de la madrugada dando instrucciones para vigilar el estado de los árboles, en algunos casos centenarios o de especies de hermosa presencia, en particular en la etapa de floración.

Al respecto, el nuevo alcalde de La Paz ya está algunos meses en funciones y, además, rodeado de una burocracia que, al parecer, ha perdido la iniciativa para realizar obras como la mencionada, junto con el Concejo respectivo.

En otros tiempos de idoneidad, los citadinos amaban a los árboles y les dedicaban sus sueños y atenciones, como es el caso de Man Césped, que en Cochabamba decía que quería convertirse en árbol y hablaba con ellos, dedicándoles bellos libros. Este poeta y floricultor hizo del culto al árbol una corriente filosófica, llamada Panteísmo.

En repetidas ocasiones se ha hecho recomendaciones a los funcionarios de la Municipalidad, en sentido de hacer un censo de los árboles de la ciudad de La Paz. Pero la iniciativa cayó en saco   roto y sólo se observó que, la principal autoridad edilicia de turno, estaba dedicada a grandes obras, lo cual no estaba mal, pero se abandonó el importante asunto de la correcta forestación de todas las calles de La Paz.

Lo mismo se puede decir sobre la atención a la cultura paceña, hoy en el olvido más lamentable.

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