“Aún pediré otro premio a la Nación: el de no destruir la obra de mi creación”: señaló el Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre. Sea oportuno rememorar, en ocasión de las fiestas patrias, esas significativas palabras que cobran vigencia, ahora más que nunca.
Bolivia, para sobrellevar la dura crisis económica, heredada de los últimos veinte años, requiere del concurso patriótico de todos los actores políticos, con o sin representación parlamentaria. Con tendencias ideológicas afines o antagónicas. Comprometidos, particularmente, con la democracia, reconquistada en 1982. Que no se escuden tras la fachada de una oposición constructiva o destructiva. Que no escondan la cabeza como el avestruz. Que sean sinceros y responsables. El objetivo es construir una Bolivia competitiva, sea quien fuere el gobierno nacional. Acá a nadie se trata de defender. Aquella tarea debe unir a todos los que se dedican a la actividad política. Menos confrontación, y mayor entendimiento, hasta lograr días mejores.
Que ratifiquen, en circunstancias tan decisivas para el destino nacional, la voluntad política tendente a compartir los retos de la presente coyuntura, tan adversa y controvertida. Que golpea a la comunidad interna y conmueve a la comunidad externa. Que los políticos, obviando principios ideológicos, contribuyan con su desprendimiento a la edificación de un nuevo devenir, por el bien común. Que socialicen, en consecuencia, el término de salvación nacional. Deponiendo la mezquindad, que siempre ha frustrado el crecimiento con desarrollo sostenible. Mezquindad que se traduce por oportunismo y por la angurria de acumular mayores cuotas de Poder. Esa es la triste realidad.
Algunas fuerzas partidarias asumieron, en tiempos recientes, el cálculo político o la búsqueda de una posibilidad. Actitud que no siempre arroja, resultados certeros. Se limitaron a replegarse, por lo tanto, a fin de no involucrarse con las acciones del ejecutivo, que marcaron aciertos y desaciertos. “Otra cosa es con guitarra”, como alguien dijera. Posiblemente ya advierten los tiempos que se avecinan. Se pusieron a buen recaudo. Tratan de curarse en salud. Evitarán el desgaste tanto de la imagen como del discurso, con miras electorales. Creen que el posible acortamiento del mandato gubernamental, como anhelan y pregonan los “salvadores” de Bolivia, en democracia, daría lugar a nuevas elecciones. Es poco probable por el momento. Con ello no hicieron otra cosa que debilitar el sistema democrático y alejar la posibilidad de una conjunción de esfuerzos a favor de la Patria. Profundizaron, además, la incertidumbre, el desencuentro y la suspicacia en el quehacer político. Un hecho que empaña la voluntad política y el servicio incondicional al Estado Plurinacional.
En suma: los políticos, sin distingos de colores ni tendencias ideológicas, deberían deponer intereses creados y entregarse al servicio incondicional del país. Ahora que se impone una situación adversa.
Comprometidos con la Patria
Severo Cruz Selaez
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