Es innegable que, la relación entre Perú y Bolivia, tienen hitos y desarrollos históricos entrelazados que superan ampliamente el bicentenario de la vida republicana de sus Estados. El actual orden mundial, con reconfiguraciones con implicancias geopolíticas, dentro de estas geoeconómicas de alto impacto, merecen ser observadas por ambos países ante la asunción de la presidenta Keiko Fujimori al frente del Estado peruano.
Si bien Perú mostró inestabilidad presidencial, con altibajos en su dirección con 8 presidentes en los últimos 10 años, mediante mecanismos legislativos; su economía, a contrario sensu, fue una de las más destacadas y regulares del hemisferio, con blindaje contra políticos ineficientes. Lo que le ayudó a fortalecer el clima de inversiones y desarrollo comercial, a pesar de que un alto porcentaje de su población, pertenecen al sector informal (71% aprox.), de manera similar a Bolivia que alcanza un 85% aproximadamente.
Demostrando Perú que, la seguridad jurídica para las IED, junto a cuerpos diplomáticos profesionales de carrera, sumado a políticas de Estado, cuya ejecución siempre es perfectible, permiten avances para el desarrollo del país, a pesar de condiciones irregulares políticas.
Para el comercio exterior boliviano, los actuales puertos peruanos, como el de Chancay, son importantes, al brindar opciones de logística y transporte al Pacifico que, sea dicho de paso, concentra en el Asía a las mayores economías del mundo y densidad poblacional del planeta. Por ende, de consumo y producción de bienes y servicios, con alto impacto para el continente.
Regionalmente, la reconfiguración del color del mapa político, tendrán en Perú y en los próximos días en Colombia, dos puntales de alta relevancia para el fortalecimiento de la seguridad y desarrollo comercial hemisférico. Esto debido al impulso de las alianzas y tratados del pacifico que se verán retonificadas con políticas anunciadas por las nuevas presidencias de dichos países.
Si esto es así, para Bolivia es de suma relevancia pasar del discurso y los simples contactos en actos protocolares de autoridades estatales actuales, al del accionamiento de triángulos de stakeholders en APPD, en temas de relevancia relacionados, más aún por la mediterraneidad.
Para la geopolítica, Perú es un nodo de alta transcendencia por la facilidad logística que brinda a través de la ubicación de sus puertos, más aún por la cercanía con Bolivia, para el comercio de la región. Sin embargo, a pesar de que Bolivia cuenta con un espacio en Ilo (Boliviamar) desde 1992, su acceso y funcionalidad como puerto, jamás se logró alcanzar, quedando como un mero simbolismo de hermandad binacional, pero que en la práctica no responde al comercio global contemporáneo, que exige megapuertos cada vez más automatizados y con inversiones millonarias de mediano plazo.
Desde el enfoque geoeconómico, Bolivia en vez de perder el tiempo en meros discursos y nostalgias simbólicas del pasado, debe enfocarse en buscar la inversión de empresas de EEUU, Israel y aliados, aprovechando el apoyo y atención que se le brinda, para la construcción de un tren bioceánico de alto tráfico que vaya por el centro del país conectando Perú-Bolivia-Brasil, con ramificaciones hacia el sur que amplíen la cobertura hacia Chile-Argentina-Paraguay, pese a la existencia de proyectos bioceánicos como la Gran Vía y Proyecto Capricornio carretero, que aísla a Bolivia. Encajando, por interés nacional y soberanía hemisférica, en las actuales doctrinas de seguridad y comercial del que Bolivia ya forma parte, optimizando costos y recursos logísticos.
Para la geoeconomía actual, apoyada en capacidades propias de cada Estado, la integración transfronteriza es una necesidad de sobrevivencia, sobre todo de desarrollo. Los aislamientos por lentitud o negligencia en la toma de decisiones estatales, deben ser reemplazados por enfoques de políticas públicas anticipatorias y de complejidad, dada las incertidumbres en los escenarios actuales. La relación geoeconómica Perú-Bolivia, es un nuevo desafío y sobre todo una gran oportunidad que, con las nuevas presidencias, deben ser bien aprovechadas para sus naciones.
El autor es diplomático e internacionalista.
