Un elemento fundamental para llevar a la vida a El Día D: Bajo Presión era encontrar la locación principal para el cuartel general de los aliados en Southwick House, y las playas y puertos que darían a la historia del Día D una sensación de amplitud y magnitud.
“Yo realmente quería rodar en el Reino Unido, porque es una historia tan profundamente arraigada en el ADN de la gente de aquí”, expresa Anthony Maras. “Las personas que formaron parte de nuestro elenco y equipo de producción han crecido escuchando estas historias de boca de sus padres, abuelos, vecinos, tías y tíos”. Rodar en el Reino Unido le permitió a Maras contar con un equipo obsesionado por los detalles. Buscaron a meteorólogos nonagenarios para que enseñaran al elenco y al equipo de producción a manejar equipos centenarios, reprodujeron réplicas exactas de los mapas meteorológicos utilizados el Día D e incluso identificaron qué imprentas habían producido cada documento y cada gráfica para reproducir con precisión el grado de opacidad y textura de cada hoja.
Maras visitó más de 100 edificios para encontrar el cuartel general de las fuerzas aliadas e incluso se planteó utilizar la auténtica Southwick House. Por desgracia, tras la guerra siguió siendo una base militar activa y, por lo tanto, estaba rodeada de edificios más modernos. En cambio, quedó fascinado con Mentmore Towers, una mansión rural de los Rothschild del siglo XIX con dimensiones similares, pero, lo que era más importante, unos jardines impecables. Las posibilidades del lugar despertaron la imaginación de Maras; incluso reescribió algunas escenas para aprovechar al máximo su atrio, lleno de luz, como parte del cuartel general de los aliados.
Sin duda, esa fue la experiencia del elenco. “El método de Anthony consiste en descubrir la realidad de lo que está sucediendo”, explica Brendan Fraser. “No hay nada preestablecido ni prescrito. Una vez que llegamos al set, lo importante no es tanto lo que has aprendido en los ensayos como lo que descubres ese mismo día. Nuestro director de fotografía, Jamie Ramsay, fue increíble, todo un artista. El trabajo de Daniel Taylor como diseñador de producción fue minucioso hasta el punto de definir el color de la tinta. Todos los detalles estaban presentes. Sentado en el escritorio de Eisenhower me sentí como un niño pequeño en el escritorio de su papá. Tuve que meterme en el papel enseguida, por la solemnidad que me producía ver su línea directa con la Casa Blanca. Todo eso nos rodeaba y nos daba esa sensación de autenticidad”.
Los protagonistas incluso pudieron quedarse en el set durante el rodaje –lo que reflejaba, en muy pequeña medida, el equipo tan reducido y aislado que interpretaban. “Bueno, no lo compararía con verdaderos tiempos de guerra”, ríe Kerry Condon. “En mi habitación había velas de Diptyque, catering y flores. Al lado estaba Andrew, y abajo estaba Brendan. Se volvió muy familiar. Fue genial estar todos juntos en un lugar diminuto, trabajando con un equipo realmente fantástico. Me encantó”.
También conectaron con el director. Como explica Chris Messina: “Muchas veces, los directores te susurran algo al oído y se van; o no sabes de qué te estaban hablando, o no estás de acuerdo. Con Anthony es todo lo contrario. Cada vez que se me acercaba, me encantaban sus comentarios. Sus comentarios me hacían mejorar. Sus consejos eran muy acertados. Le gusta ensayar, y creo que respeta de verdad a los actores y que, en cierto modo, lucha por ellos y por sus personajes en el set. Espero que esta sea la primera de muchas colaboraciones con él. Es un director maravilloso”.
Scott estuvo de acuerdo y elogió al director tanto por su trabajo con el elenco principal como por su visión global. “Anthony es un auténtico cinéfilo, y creo que le interesaba mucho la actuación. Siempre he creído que el personaje es la trama y la trama es el personaje, pero para esta película es de vital importancia que tenga una gran envergadura para que el espectador sienta lo que realmente está en juego: la inmensa magnitud de los propios desembarcos del Día D”.
Así pues, Mentmore representando a Southwick sería la “cabeza del pulpo” del Día D, donde llegaba información procedente de todo el mundo, desde globos meteorológicos en Nueva Escocia hasta miembros de la resistencia francesa. Después, el diseñador de producción Dan Taylor puso manos a la obra para convertirlo en un lugar realista, diseñando la sala principal de pronósticos y la oficina de Stagg, situada a un lado del bullicioso centro de operaciones. Pintó la sala de pronósticos de un azul melancólico y colocó un sutil estampado en las paredes que podría sugerir un poco de humedad, o tal vez “una especie de frente meteorológico, como una isobara”, uno de los guiños casi subliminales al tema meteorológico presente en toda la película.
Para la sala de operaciones de Eisenhower, eliminó casi por completo la luz natural, dirigiendo todas las miradas hacia el mapa bien iluminado de Overlord situado en un extremo. Taylor recreó minuciosamente el mapa original que aún se conserva en Southwick House, hasta las ligeras variaciones de color que se debieron a que se encargó por partes a fabricantes de todo el Reino Unido, cada uno de los cuales producía sólo un fragmento, sin saber que su trabajo formaría parte del plan de invasión del Día D. El mapa terminado fue donado a un museo al final del rodaje. Taylor también recreó el collage de postales y fotos de vacaciones de las playas de Normandía enviadas por personas de todo el Reino Unido, que fueron donadas a la guerra sin saber cuál era su propósito y que los comandantes utilizaron para reconstruir la topografía de las playas.
Luego, en los muelles de Chatham, rodaron las escenas de las tropas embarcándose en los barcos y submarinos para el Día D, y lograron transmitir la enorme magnitud de la invasión. “La zona del muelle es realmente hermosa; allí se percibe una gran sensación de escala”, afirma el diseñador de producción Dan Taylor.
Para la diseñadora de vestuario Liza Bracey, el enfoque estaba en la autenticidad, el detalle, y en hacer que todo se viera tan desgastado como se sienten los personajes. “Anthony tenía mucho interés en que los personajes parecieran personas reales”, dice Bracey. “No eran sólo uniformes rellenos. Eso también me atrajo, porque me gusta que las cosas parezcan reales, no sólo brillantes. Así que todo parece un poco desgastado. Todo tiene un aire un poco gastado y vivido. Muchas de las personas están usando poca ropa, porque se trata de contar una historia sobre el clima, así que queríamos mostrar que, para empezar, hacía calor”. Aunque hayas visto estos uniformes antes, quizá no los hayas visto tan desaliñados como aquí.
Lo mismo se aplicó a Zoe Clare Brown y al equipo de peluquería y maquillaje. Los hombres no acaban de salir de la peluquería con el típico corte de pelo corto en la nuca y a los costados. De igual modo, Summersby lleva un labial de color neutro en lugar del rojo característico de los años cuarenta, el look de “una mujer trabajadora”, dice Brown. Ella y su equipo también se encargaron de simular heridas para las escenas del Día D. Tras calcular que alrededor del 30 % de las tropas murieron o resultaron heridas ese día, seleccionaron el mismo porcentaje de extras y comenzaron a aplicar heridas de bala, quemaduras y prótesis de heridas a los actores con extremidades amputadas, todo ello con el fin de reflejar el terrible costo humano del ataque.
Esos esfuerzos proporcionaron al director de fotografía Jamie Ramsay un rico tapiz con el cual trabajar y le permitieron desarrollar visualmente los temas de la película de una forma que potenciaba la historia. “Siempre que hago una película, intento encontrar una metáfora en el guion y todo fluye a partir de ahí”, explica Ramsay.
Las condiciones del clima fue lo que más hizo dudar a Maras durante su planificación del rodaje, y bromea diciendo que eso lo ha dejado traumatizado desde entonces. Sus protagonistas no estarían disponibles hasta septiembre de 2024, lo que significaba que rodarían una película ambientada en plena ola de calor durante octubre y principios de noviembre. ¿Se podía confiar en el clima inglés?
En uno de los aspectos más extraños y fortuitos del rodaje, el famoso e impredecible otoño británico, hizo exactamente lo que Maras necesitaba una y otra vez. Una parte importante de la producción debía rodarse en Camber Sands, que sirvió tanto para retratar la desastrosa Operación Tigre que precedió al Día D como el asalto aún más sangriento, pero triunfal, a las playas de Omaha y Utah cuando el plan finalmente se puso en marcha. Allí, Maras vivió su propio pequeño eco del calvario de sus personajes.
El rodaje de El Día D: Bajo Presión
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