Una tarde de diciembre, el cielo se abrió y un trozo de metal, más grande que un autobús escolar, cayó a la Tierra. Al impactar contra un campo, produjo un ruido más fuerte que un trueno, sobresaltando a los habitantes del pueblo de Mukuku, a tres horas de Nairobi, la capital de Kenia.
“La gente pensaba que era el fin del mundo”, sostuvo John Mukunuu, que vive cerca.
Cuando los aldeanos llegaron al lugar del impacto, encontraron un gran anillo, más alto que un hombre y más pesado que un caballo, incrustado en el suelo. Observaron cómo se enfriaba y adquiría un color gris, e incluso se tomaron selfis antes de que decenas de personas de la capital tomaran el control del pueblo.
El anillo era un fragmento de un cohete que debería haberse desintegrado en la atmósfera al reingresar a la Tierra. En aquel momento, la agencia espacial keniana declaró que se trataba de un “incidente aislado”.
No exactamente.
La cantidad de basura espacial que cae a la Tierra no tiene precedentes, resultado de la frenética carrera entre gobiernos y empresas, como SpaceX, por dominar el espacio. El año pasado, la Fuerza Espacial de EEUU emitió alertas sobre 820 objetos que entraron en la atmósfera terrestre. Hace una década, se emitían 110 alertas al año.
“Los reingresos ocurren todos los días”, dijo Mariusz Sionina, quien dirige las operaciones relacionadas con incidentes como la caída de escombros a la superficie en la agencia espacial polaca y agregó que al menos un objeto que pesa una tonelada o más cae a nuestro planeta cada semana.
Gran parte de los desechos se incineran en la atmósfera o caen al océano Pacífico, pero a veces impactan contra el suelo de forma incontrolable e impredecible. El año pasado se lanzaron 300 cohetes, casi cuatro veces más que hace una década, lo que significa que cada vez más fragmentos regresarán a nuestro planeta.
Por otro lado, los aproximadamente 16.000 satélites en órbita acabarán cayendo a la Tierra.
En 2024, objetos desechados de la Estación Espacial Internacional cayeron sobre una casa en el estado estadounidense de Florida. A principios del año pasado, una pieza de un cohete de SpaceX cayó cerca de un centro comercial en Poznan, Polonia, y otra fue encontrada cerca del aeropuerto local.
Meses después, un satélite chino de tres toneladas sobrevoló Tenerife, España, provocando ondas expansivas antes de fragmentarse y desintegrarse en el aire. En octubre pasado, mineros descubrieron desechos espaciales en una carretera de Australia Occidental. Recientemente, aparecieron “bolas espaciales” en una playa australiana.
La compleja red de normas relativas a los lanzamientos de cohetes y los desechos orbitales se está quedando rezagada con respecto al ritmo del desarrollo espacial. SpaceX, de Elon Musk, cuenta con 10.000 satélites y aspira a lanzar otro millón. Blue Origin, de Jeff Bezos, tiene ambiciones similares, y las “megaconstelaciones” chinas estarán compuestas por decenas de miles de satélites.
Actualmente, las probabilidades de ser alcanzado por un rayo son mayores que las de ser golpeado por un objeto proveniente del espacio. El único caso confirmado fue el de una mujer en Oklahoma, quien sufrió solo heridas leves. Sin embargo, un estudio de la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos concluyó que, para 2035, los desechos de los satélites de SpaceX podrían herir o matar a una persona cada dos años. (O Globo)
Cada semana una tonelada de basura espacial cae a la Tierra
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