En algunos casos, las autoridades encargadas de cuidar bosques y evitar incendios de esa riqueza natural, se han empeñado en combatir los fuegos de manera empírica y sin conciencia de las causas de esos siniestros. El asunto fue enfocado algunas veces con algunas medidas oportunas, pero en casi todos los casos no dieron el resultado que se esperaba y, finalmente, ardieron numerosas hectáreas en varias zonas del territorio nacional.
Pareciera que los encargados de ese combate, no saben por qué se producen esas calamidades que ocasionan millonarias pérdidas para el país. Ese error en el análisis de la situación descrita causó indignación, pero, al parecer, ahora se repite, como si no hubiese experiencia por pasados incendios. Por ello, como no son atacadas las causas principales, el fuego suele propagarse con voracidad.
Se afirma que los principales culpables de esa tragedia serían los campesinos llamados “interculturales”, pero esa es una verdad a medias. Ellos son el último eslabón de esa desgracia, pues el problema se origina en otros niveles. Y es que esos campesinos ya no pueden trabajar su tierra, debido a que se les ha quitado, por vía constitucional, el derecho de propiedad. La tierra no les da renta y, por tanto, la abandonan para buscar otras formas de sobrevivir.
Una vez sin tierra propia (porque no pueden venderla), migran y solamente encuentran espacios en el oriente del país, donde hay tierras fiscales para asentarse. Allá queman bosques y pastizales sin control y ocasionan grandes incendios. Por tanto, la causa del fuego es que estos campesinos han sido privados de la propiedad absoluta del terreno. Y es que la anulación del derecho de propiedad de los campesinos parcelarios, está establecida en la Constitución Política de 2009, en vigencia, por lo que es una disposición reaccionaria.
Pero esta Constitución anti-campesina fue promulgada por el entonces presidente Evo Morales Ayma, con apoyo de sus seguidores populistas. Si se sigue el curso de esa disposición anti-democrática, se encuentra el origen de los incendios. Los interculturales” son, pues, más que todo el efecto. De ahí que si el problema no es enfocado en ese sentido, puede haber otro fracaso monumental, como ocurre cuando se comienza por los efectos y no por las causas. Eso es, precisamente, lo que ocurre en el caso presente, en temporada seca.
El problema es, además, como se sabe, de origen climático y por los desbosques que realizan los agricultores, grandes, medianos y pequeños, que también han desatado la fuerza de los vientos, la desertificación de las florestas, la falta de lluvias, el calor exagerado. Es, pues, de esperar que las autoridades del sector tomen en cuenta que cualquier iniciativa debe empezar por combatir las causas y no solo efectos finales de una larga lista de factores. Si no se lo hace así, el futuro no será venturoso, pues el país puede perder más valiosa riqueza natural.
