Estamos muy estresados por problemas internos, que se reflejan en ciertas actitudes contradictorias de índole político, que nos impiden reflexionar acerca del rumbo que debería tomar el país, en esta nueva etapa. Luego de haber superado veinte años de retroceso. Nos impiden, en consecuencia, sumar voluntades para construir una Bolivia competitiva. Cada quien, movido por el cálculo político y el oportunismo, tira a su lado, subordinando a sus mezquinos intereses el destino patrio. El desencuentro, originado por los 53 días del conflicto reciente, nos distancia, en deterioro de la convivencia pacífica. La suspicacia se apoderó de los bolivianos, del oriente y occidente, en desmedro de la unidad y de los objetivos de progreso nacional.
Urge promover, en esta coyuntura de divergencia, una conciencia de crecimiento con desarrollo sostenible, deponiendo ideologías políticas, credos religiosos y posturas regionalistas. En busca de un futuro que signifique mejores condiciones de vida. Que nos permita salir del atraso. Ello sería el mayor logro, a favor de quienes vienen. No sería justo dejarles la miseria que nos agobia. Tampoco la desdicha que heredamos de los gobiernos de turno. Menos la cacerola vacía ni el costo de vida elevado. Ni las filas para proveerse de combustibles u otras para lograr atención médica.
Cambiaremos de destino cuando llegue la inversión extranjera. Requerimos inyectar capitales frescos al erario nacional, mediante el trabajo entre Estado e inversores. Como lo practican los países de la región. Pero la condición fundamental es ofrecerles seguridad jurídica. Ello para despejar dudas sobre posibles expropiaciones o nacionalizaciones. Medidas que ahuyentaron a los inversionistas en el pasado mediato. Que las personas o entidades inversoras, desarrollen sus actividades con apego a la norma, sin extralimitaciones.
China logró su crecimiento, con Inversión Extranjera Directa. Que introdujo maquinaria avanzada y métodos de producción modernos. Transformó, en consecuencia, la actividad agrícola e industrial básica, en una potencia tecnológica global. Ahora es uno de los mayores inversores. Los recursos foráneos lograron la transformación económica y el progreso tecnológico. Exporta capitales hacia América Latina, Asia y Europa. Es una competencia financiera de la nación norteamericana hoy.
Parece que algunos supuestos revolucionarios no conocen esa realidad. O tratan de ignorarla porque no simpatizan, por cuestiones ideológicas, con la inversión extranjera. Consideran que este modelo económico obedece las directrices de las potencias saqueadoras. Que con el tiempo se apropiarían de los recursos naturales. Prefieren vivir, en la postración. Mientras otros, como los chinos, se desplazan por el mundo, depositando sus capitales. Entre tanto los bolivianos continuamos enfrascados, en rencillas regionalistas, en discriminaciones racistas, en bloqueos ejecutados, por quienes alardearon ser dueños del territorio patrio. Bloqueos que ocasionaron cuantiosas pérdidas.
En suma: aunemos esfuerzos tendentes a construir una Bolivia competitiva.
Estamos muy estresados
Severo Cruz Selaez
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