InicioSeccionesOpiniónDiez compradores, dos dólares

Diez compradores, dos dólares

Antonio Vargas Ríos

Un catedrático mío decía que detrás de las explicaciones complejas suele esconderse la ignorancia del docente. Tal vez por eso convenga explicar el dólar sin curvas, fórmulas ni palabras innecesarias.
Imaginemos que diez personas quieren comprar dólares, pero en la ventanilla solo hay divisas para dos. Como todos quieren comprar y pocos quieren vender, el precio comienza a subir. Sube hasta que ocho personas desisten porque ya no pueden pagarlo. Entonces alguien anuncia satisfecho que la oferta y la demanda finalmente se equilibraron.
Es verdad. Pero ni un solo dólar adicional apareció. Simplemente ocho compradores fueron expulsados por el precio.
Eso está ocurriendo con la llamada cotización flexible. El 29 de junio, cien dólares costaban 973 bolivianos. Hoy cuestan 1.113. Son 140 bolivianos más en menos de un mes por los mismos cien dólares. No hace falta ser economista: el billete estadounidense es el mismo; lo que vale menos es nuestro dinero.
Pensemos ahora en un importador que necesita 10.000 dólares. Antes requería 97.300 bolivianos; hoy necesita 111.300. La diferencia es de 14.000 bolivianos. Ese dinero adicional no desaparece en la contabilidad de la empresa. Se incorpora al precio de los medicamentos, los repuestos, la maquinaria, los alimentos y todo aquello que importamos. Al final, lo paga el consumidor.
Cuando comenzó la administración del MAS, con un boliviano podía comprar cinco panes. Hoy compro uno. Eso es inflación: el dinero conserva su nombre, su color y su número, pero dentro de él caben cada vez menos cosas.
En un sistema de flotación, el precio del dólar puede subir o bajar. Para moderar una subida excesiva, el Banco Central vende dólares; para frenar una caída, los compra. Pero para vender dólares primero hay que tenerlos. Al cierre de marzo, las reservas bolivianas parecían superar los 3.600 millones de dólares, pero casi todo era oro: apenas 144 millones eran divisas líquidas. Es poco frente a las necesidades de combustible, deuda, importaciones y funcionamiento de la economía. Pretender contener el precio sin dólares es como pedir a una panadería vacía que abarate el pan.
El Gobierno anuncia ahora un crédito del Fondo Monetario Internacional de entre 2.500 y 2.800 millones de dólares. Más de la mitad llegaría a comienzos de septiembre para reforzar las reservas. La noticia puede tranquilizar temporalmente al mercado e incluso hacer bajar la cotización. Pero también confirma algo elemental: se puso a flotar el dólar antes de llenar la piscina.
Además, el dinero del FMI será prestado. Puede servir para atravesar la emergencia, pero no reemplaza los ingresos permanentes. Una familia puede pagar la compra del mes con una tarjeta de crédito; eso no significa que haya aumentado su salario. En el mes siguiente tendrá que volver a comprar y, además, pagar la deuda.
Los dólares sostenibles llegan mediante exportaciones, inversión, turismo, remesas y confianza. Mientras esa oferta no aumente y la demanda continúe siendo mayor, la cotización flexible solo encontrará una manera de equilibrar el mercado: subir el precio hasta que menos personas puedan comprar.
El Gobierno no resolvió la escasez de dólares. Cambió su forma de administrarla. Antes los dólares no aparecían; ahora siguen sin aparecer, pero cada día cuestan más.
La nueva cotización puede medir la fiebre con mayor precisión. El problema es que el Gobierno ha confundido el termómetro con la medicina.

El autor es expresidente de la Asociación de Periodistas de La Paz, docente universitario, analista político.

ARTÍCULOS RELACIONADOS
- Advertisment -

MÁS POPULARES