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Nos exige discernimiento

Severo Cruz Selaez

La historia nos exige discernimiento, deponiendo prejuicios político – ideológicos, a fin de superar desastrosas secuelas del reciente conflicto. La población ha sufrido demasiado en estos aciagos días, ahora requiere paz social para recuperarse económica y anímicamente. Para normalizar sus actividades cotidianas y resarcirse de los daños. El objetivo es avanzar hacia un crecimiento con desarrollo sostenible. Para ello las barreras del retroceso fueron derruidas, por una decisión ciudadana.
Los políticos, con excepción de algunos, no piensan de esa manera, porque tienen intereses particulares y no pierden la ocasión para conspirar. Se conducen con cálculo político. Midiendo milimétricamente los desaciertos. Son diestros para protagonizar “shows” de carácter político.
Necesitamos discernimiento para generar confianza y esperanza de cara al futuro. Para lograr consensos, o mínimamente puntos de coincidencia, en busca de nuevos derroteros, que posibiliten la salvación de Bolivia, en un momento crítico del desencuentro. Acá no se trata de salvar al gobierno nacional, sino a la Patria inmersa en profunda crisis económica. El ejecutivo tiene sus mecanismos para vencer los problemas que lo aquejan. Tiene, además, unos cuatro años por delante, para arreglar las cargas en el camino. Es tema de otro costal, por cierto.
Los actores políticos, entre tanto, deberían pronunciarse con relación a la situación actual, respaldando a Bolivia, es ahora o nunca. Bolivia es la tierra que los vio nacer y los verá morir. Guardará sus restos, en su santo regazo. Deben dar a conocer, en consecuencia, puntos de vista que contribuyan a la solución de los problemas más apremiantes. De aquellos que tienen que ver con el futuro nacional. De aquellos que afligen a la colectividad. No solo deberían mirar de palco o ser críticos desde los medios de difusión. Deberían ser partícipes, sin buscar protagonismo, en la búsqueda de mejores días, para una población de más de once millones de habitantes. Deponiendo el oportunismo, la demagogia y la figuración, que siempre han deteriorado la imagen, la moral y la ética, de quienes practican política a tiempo completo, en democracia. Deberían actuar con lucidez, pensando siempre en el destino patrio. Deberían olvidarse del afán de medrar y asumir la voluntad de servicio.
Aquellos, en este preocupante momento de la historia, deberían reiterar sus propuestas de salvación nacional, de cara a gobernantes y gobernados y no murmurar detrás de bastidores. Es urgente buscar la unidad que hará el milagro de un nuevo amanecer. Determinar el destino de Bolivia, en una acción conjunta. Basta de falacias, majaderías y despropósitos. Con hechos, y menos palabras, se construirá la nueva Bolivia. Con desprendimiento, que permitirá el progreso. Desechando el regionalismo.
En suma: la salvación de Bolivia está en manos de sus políticos de tendencia oficialista u opositora. Ojalá se imponga la sensatez. ¡Que Dios les dé sabiduría!

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