La ciudadanía boliviana tiene mucha experiencia en cuanto a etapas con inflación. Este fenómeno económico se presenta con cierta regularidad y cada vez resulta siendo igual o peor que la anterior.
Recordemos que hubo hiperinflación durante el gobierno de la Unidad Democrática y Popular (UDP), conducido por Hernán Siles Zuazo entre los años 1982 y 1985. Se trató de la mayor crisis económica en nuestra historia. La inflación acumulada pasó del 26.000%. Hubo colapso económico porque el déficit fiscal fue financiado con emisión de dinero.
Sin embargo, tan grave problema fue solucionado con la renuncia del presidente Siles Zuazo y la convocatoria a elecciones para formar un nuevo gobierno, resultando electo Víctor Paz Estenssoro como presidente de Bolivia. El nuevo mandatario dictó el Decreto Supremo 21060 en fecha 29 de agosto de 1985. Entonces la principal meta era detener la hiperinflación que afligía al país y transformar la economía nacional con un modelo de libre mercado, mediante una Nueva Política Económica. A la par, fueron dictados otros decretos que pusieron fin a empresas estatales, a la escasez de dólares y mejoraron indicadores estadísticas sobre empresas privadas y otras.
Ese progreso se produjo bajo protesta de los “izquierdistas” bolivianos que se opusieron a ese cambio con una ola de huelgas, marchas de protesta, paros de actividades y otras medidas. Esos sindicalistas llegaron al extremo de querer volver a tiempos pasados. Pero, en todo caso, las nuevas políticas económicas se mantuvieron en vigencia por años.
La inflación con esas disposiciones económicas llegó a niveles bajos y el precio del dólar mantuvo relativa normalidad, gracias al Bolsín que permitía la fluctuación diaria de la moneda americana. Posteriormente, vinieron otros gobiernos quisieron cambiar las disposiciones económicas del gobierno de Paz Estenssoro, sin éxito al final. Es que con la llegada del MAS al poder, en 2006, este partido en sus dos versiones, de Evo Morales y Luis Arce, dilapidó la enorme cantidad de dinero recibido particularmente por la venta de gas a países vecinos, volviéndose a crear las condiciones para otra explosión inflacionaria, la cual se hizo visible por el agotamiento de las reservas gasíferas. Además, entre mayo y junio, la población, en particular de La Paz, soportó más de cincuenta días de marchas de protesta y bloqueos de caminos por sectores sociales liderados por la cuestionada COB, medidas de presión que causaron enormes daños, no solo económicos.
Según últimos datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) la inflación en Bolivia, en el primer semestre del año, muestra un aumento sostenido de precios y la subida del costo de vida. Por ello se espera del gobierno de Rodrigo Paz Pereira medidas oportunas para la recuperación de la economía nacional, deteriorada al extremo por anteriores gobiernos populistas. Solo así se podrá ahuyentar al fantasma de la inflación, que agobia a millones de bolivianos.
La subida del precio del dólar y la inflación
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