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Andrea Rioja y su legado humanitario en la historia

Andrea Rioja tenía 17 años cuando la Guerra del Pacífico terminó por arrebatarle el único respaldo familiar que le quedaba. Su padre murió durante la defensa de Pisagua y ella, huérfana y sin hogar, decidió incorporarse al servicio sanitario boliviano para atender a los combatientes heridos.
Su participación la convirtió en una de las mujeres pioneras de la asistencia humanitaria durante uno de los conflictos más dolorosos de la historia de Bolivia.
La médica e investigadora, Rosario Ruiz Domínguez, reconstruyó la vida de esta potosina, cuyo legado trascendió el campo de batalla y se proyectó en cinco hijos vinculados con la medicina, la justicia, las Fuerzas Armadas, la política y la diplomacia. La trayectoria familiar permite observar casi un siglo de la historia boliviana, desde la Guerra del Pacífico hasta las consecuencias políticas y sanitarias de la Guerra del Chaco.
Rioja nació el 15 de mayo de 1862 en Arampampa, Potosí. Perdió a su madre cuando tenía 14 años y se trasladó posteriormente a Pisagua, donde vivía su padre, Celestino Rioja, boticario y propietario de la denominada Botica del Boliviano. Cuando las fuerzas chilenas atacaron el puerto el 2 de noviembre de 1879, Celestino se sumó a la defensa boliviana y murió durante el enfrentamiento.
La muerte de su padre dejó a Andrea sin hogar y sin recursos en plena campaña militar. Lejos de abandonar la región, se incorporó voluntariamente a la Ambulancia del Ejército boliviano, pese a la oposición inicial de algunos jefes militares. Las ambulancias eran unidades sanitarias organizadas para atender a los enfermos y heridos, tanto en el frente de batalla como en instalaciones establecidas en Tacna.
Andrea prestó asistencia durante la campaña de Tarapacá y acompañó al servicio sanitario hasta la batalla del Alto de la Alianza, librada el 26 de mayo de 1880. En esos espacios coincidió con otras mujeres dedicadas al cuidado de los combatientes, entre ellas Ignacia Zeballos y religiosas que portaron el brazal con el símbolo internacional de la Cruz Roja.
Por esa participación, Andrea Rioja, es reconocida como pionera de la enfermería voluntaria vinculada a la Cruz Roja en Bolivia. Sin embargo, la denominación de “primera enfermera de la Cruz Roja Boliviana” debe comprenderse como un reconocimiento posterior, debido a que la institución nacional se fundó formalmente en 1917, casi cuatro décadas después de su servicio durante la guerra.
Concluida su participación sanitaria, Rioja regresó a Arampampa después de atravesar zonas desérticas y montañosas.
La reconstrucción de Ruiz Domínguez sostiene que contrajo matrimonio con el comerciante José Bilbao Pastor, a quien había conocido en Tacna y que también participó en la campaña militar.
La pareja formó una familia de cinco hijos: Daniel, Eustaquio, Bernardino, Sinforiano y Napoleón Bilbao Rioja.
Una publicación académica de 2023 menciona únicamente cuatro descendientes, pero una investigación histórica posterior de la UMSA identifica a los cinco hermanos en una fotografía familiar.
Daniel Bilbao Rioja fue uno de los pioneros de la cirugía boliviana. Se formó en Chile y regresó al país en 1915 para ejercer la medicina y enseñar en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Alcanzó reconocimiento por una compleja intervención practicada a un paciente que padecía anquilosis y luxación de las articulaciones temporomandibulares. La denominada Técnica Bilbao fue presentada ante la Academia de Cirugía de París y le otorgó reconocimiento más allá de las fronteras nacionales. Su trabajo docente contribuyó a formar a médicos que años después prestarían servicios durante la Guerra del Chaco.
Eustaquio Bilbao Rioja siguió la carrera jurídica. La legislación boliviana registra que, en septiembre de 1944, fue designado ministro de la entonces Corte Suprema de Justicia junto con otros juristas. La norma confirma su presencia en el máximo tribunal, pero no respalda la afirmación de que hubiera ocupado su presidencia.
Bernardino Bilbao Rioja se convirtió en una de las figuras militares más conocidas de la familia. Nacido en Arampampa en 1895, se formó como oficial y aviador y asumió responsabilidades decisivas durante la Guerra del Chaco. Su nombre quedó asociado a Kilómetro Siete, Alihuatá, Cañada Strongest y la defensa del sector petrolero de Villamontes.
Después de su muerte, la Ley 824, promulgada el 3 de abril de 1986, le reconoció el grado de Mariscal de Kilómetro 7. La norma lo definió como defensor del petróleo y de la honra nacional e instituyó el 10 de noviembre como fecha para recordar sus actuaciones militares.
Sinforiano Bilbao Rioja también siguió la carrera militar y combatió en la Guerra del Chaco. Las investigaciones históricas lo identifican como comandante de unidades bolivianas y participante en los combates de Campo Vía.
Napoleón Bilbao Rioja, nacido en Cochabamba en 1902, se formó como odontólogo y prestó servicios sanitarios durante la Guerra del Chaco. Su nombre quedó relacionado con el controvertido intento de utilizar cultivos bacterianos contra fuerzas paraguayas en 1932.
Según el relato que Napoleón publicó décadas después, encontró los recipientes y destruyó su contenido para impedir que fueran utilizados.
Napoleón fue nominado al Premio Nobel de la Paz en 1973 por el historiador argentino Antonio Jorge Pérez Amuchástegui. El reconocimiento estuvo relacionado con la versión según la cual evitó una acción bacteriológica durante el conflicto chaqueño. La nominación no significó la obtención del premio, pero sí incorporó su nombre al archivo histórico de candidatos.
Andrea Rioja murió en La Paz el 24 de agosto de 1927, a los 75 años. Sus restos recibieron honores militares y fueron depositados en el Cementerio General. El 20 de mayo de 1930, durante la presidencia de Hernando Siles, fue declarada Mujer Meritoria de la Campaña del Pacífico por su servicio a los heridos.
Su historia ocupa un lugar relevante en la memoria sanitaria y militar de Bolivia. Andrea Rioja no fue una combatiente armada ni ocupó un cargo de mando.
Su aporte surgió del cuidado de los heridos en condiciones extremas, dentro de un servicio médico que todavía se encontraba en proceso de organización.
Su legado también permaneció en sus hijos. Daniel contribuyó al desarrollo de la cirugía; Eustaquio llegó a la Corte Suprema; Bernardino y Sinforiano participaron en la defensa militar del país; y Napoleón quedó vinculado a uno de los principales debates éticos de la Guerra del Chaco.
La vida de Andrea Rioja representa la participación de las mujeres que, durante los conflictos bélicos, cumplieron tareas esenciales que durante décadas permanecieron fuera de los principales relatos históricos. Su servicio sanitario y la trayectoria de su familia la sitúan como una figura que enlaza dos guerras y varias generaciones de la historia boliviana.

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