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En torno a la ideología

Gonzalo Peñaranda Taida

Últimamente reflotan embestidas contra todo acto acusado de ideológico, se dice que hasta las relaciones internacionales inter países deben estar libres de ideologías, debiendo explicarse cuál es la verdadera causa de esta falsa “desideologización”.
En términos generales, la ideología es el conjunto de ideas, creencias, valores, recuerdos, emociones que posee cada persona y que determina su forma particular de ver el mundo. Todo individuo provisto de conciencia y voluntad posee una ideología, solo los imbéciles o los animales carecen de ideología.
La ideología es también adquirida mediante formación intelectual, abarcando desde aspectos políticos y económicos, hasta morales y culturales. La ideología está presente en la acción política, así la izquierda real como la derecha tienen su propia ideología. El marxismo o el fascismo son ideologías.
Los dominantes imponen su ideología de dominación, imponen al individuo su forma de pensar y actuar, pero sin que éste se dé cuenta. Esto es así porque la ideología dominante oculta su propio carácter ideológico, por eso falsamente llama a “desideologizar” todo lo que no le conviene: porque no va a decir “los estoy engañando” sino dice “están eligiendo libremente”.
Para entender el mecanismo de interpelación o imposición ideológica del Estado sobre el individuo, Althusser da el siguiente ejemplo: Cuando alguien nos llama en la calle –por ejemplo, un policía que grita «¡Eh, usted, oiga!»– y nosotros nos damos la vuelta, en ese preciso instante nos convertimos en sujetos (del sistema).
El mecanismo de interpelación es este: 1) El llamado: La ideología (representada en el ejemplo por la policía, como institución) se dirige a los individuos de manera directa. 2) El giro: Al dar la vuelta el cuerpo, el individuo reconoce que el llamado era para él. 3) La sujeción: Al responder y reconocerse en ese llamado, el individuo acepta su lugar en el orden social y se somete a la ideología.
Pero el Estado ya no se contenta con ejercer la fuerza carcelaria desde afuera, sino que ahora controla y manipula la mente del ciudadano desde la tecnología digital. Este es el gran instrumento ideológico de la hora.
El Estado despliega la fuerza ideológica del capitalismo global para la intervención física, policial y de “alta administración”, de ahí la importancia de reforzar la “gobernación estatal” convirtiéndola en “gobernanza” para ampliar y profundizar la “intervención directa” de lo privado en el Estado por medio de corporaciones transnacionales, organismos internacionales de financiación, organizaciones internacionales en general, determinadas ONG, fundaciones, etc.
En resumen, la unidad de la “nueva izquierda” con la derecha se la trata de ocultar prohibiendo taimadamente la ideologización política en general, procurando mostrar a la ideología como malsana, cuando en realidad es una sola la ideología dominante en Bolivia; y, esa nueva “izquierda”, no es izquierda, es un simple apéndice del Socialismo del Siglo XXI.
En Bolivia no existe izquierda orgánica de actuación política real.

El autor es jurista.

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