En la película, Odiseo y sus hombres viajan exclusivamente en barco durante su viaje de posguerra. La ambición de Nolan era plasmar la experiencia visceral de cómo habrían vivido los hombres a bordo en un viaje por mar en la Edad del Bronce con toda su belleza, sudor y terror. Eso significaba encontrar barcos antiguos. Y rodar en el océano. Hacer realidad esa visión recayó en el coordinador marítimo NEIL ANDREA, quien había trabajado con Nolan en Dunkirk y en Tenet, y cuya reconocida carrera fílmica incluye Cast Away; las películas de The Pirates of the Caribbean; y las dos últimas películas de Mission: Impossible .
“Al principio nuestro mayor obstáculo fue averiguar de dónde íbamos a sacar todos esos barcos”, dice Andrea. “Tuvimos una situación similar en Dunkirk, pero no tan complicada. Para La Odisea íbamos a tener que encontrarlos, o crearlos nosotros mismos”. La solución fue hacer ambas cosas.
Para el barco principal de Odiseo, Andrea, Nolan y la diseñadora de producción Ruth De Jong encontraron el Draken, un barco vikingo de tamaño real construido según las especificaciones antiguas y con materiales propios de la época, en Stavanger, Noruega. El casco y el aparejo del Draken coincidían con los resultados de la investigación sobre el tipo de barco de la época micénica que Odiseo podría haber utilizado, y sólo fue necesario que el departamento de arte realizara algunas modificaciones menores. Lo más importante es que el Draken es capaz de navegar en mar abierto (ha cruzado el Atlántico dos veces), y contaba con una tripulación completa deseosa de formar parte de la película.
Eso significaba que el elenco que interpretaba a la tripulación de Odiseo tenía que aprender a izar las velas y a remar. Y no a remar como en las películas: a remar de verdad. Pronto descubrieron que mover un barco por el océano a base de puro esfuerzo físico no es precisamente un crucero de placer. “Remar durante horas y horas no es divertido; enseguida aprendes a valorar la invención del motor”, dice Andrea riendo.
Pero el elenco encontró su ritmo y su resistencia, y durante toda la preparación, el entrenamiento y el rodaje, la seguridad del elenco y del equipo de producción siguió siendo la prioridad absoluta de Andrea y Nolan. “Dado que el barco navega a gran velocidad, si se te cae accidentalmente uno de los remos grandes al agua, o si calculas mal el momento en que llega el oleaje, puedes romperte las costillas con facilidad y, en algunos casos, ser levantado y catapultado por la borda”, algo que Nolan decidió dramatizar en la película.
El elenco también tuvo que aprender cómo levantar la enorme percha de madera del mástil y zarpar, un procedimiento complejo y peligroso. “Observar cómo el elenco aprendía a remar y a navegar, y poder salir a mar abierto y rodar a estos actores en situaciones reales, realizando maniobras reales, aportó un toque de autenticidad a estas secuencias”, puntualiza Nolan. “Vemos los retos a los que se enfrentan los hombres de Odiseo y empezamos a empatizar con su lucha. Las duras realidades de su viaje son una parte esencial de la historia, y el compromiso de estos increíbles actores fue fundamental para que esto funcionara”.
Los días de rodaje en el agua requirieron de un gran compromiso para todos los que iban a bordo, incluido el equipo de cámaras y sonido, que tuvo que realizar todas sus complejas tareas habituales mientras se encontraba en un barco real en pleno océano. El departamento marítimo tuvo que encontrar maneras de ayudar a todos a desempeñar su trabajo en el mar, manteniendo a todos a salvo. “Una vez que estás en esos barcos”, dice Andrea, “ya no te bajas”.
El rodaje en el agua que realizó la producción en casi todos los lugares a los que fueron y en cada locación, desde Marruecos a Italia, Grecia, Islandia y Escocia, presentaba sus propios obstáculos. “Nuestro primer día en el agua en Grecia, el viento soplaba a sesenta nudos, sin exagerar”, relata Andrea.
Movernos hacia el norte no facilitó las cosas. Tanto Islandia como Escocia plantearon sus propios retos.
Los barcos de La Odisea
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