Bolivia tiene condiciones para convertirse en una potencia mundial de energía verde si logra modificar su estrategia económica y orientar sus recursos hacia el desarrollo de fuentes renovables, según un análisis del profesor Ricardo Hausmann, de Harvard Kennedy School.
El planteamiento forma parte de una serie de informes elaborados por Hausmann y el Growth Lab de Harvard, en los que se examinan los principales problemas estructurales de la economía boliviana y se propone una hoja de ruta para su recuperación. El documento identifica al sector energético como uno de los espacios con mayor potencial para impulsar una transformación productiva de largo plazo.
De acuerdo con el análisis, el país posee uno de los mayores potenciales energéticos de América Latina, especialmente por sus recursos hidroeléctricos y solares. Sin embargo, esa ventaja natural aún no se ha convertido en un motor sostenido de crecimiento económico, debido a limitaciones en la planificación, la inversión y la orientación de las políticas públicas.
Hausmann sostiene que Bolivia enfrenta una decisión estratégica: mantener un esquema basado en el alto costo de los combustibles fósiles subsidiados o avanzar hacia una matriz energética capaz de generar competitividad, empleo e inversión. En su criterio, la continuidad de los subsidios representa una carga significativa para las finanzas públicas y reduce el margen del Estado para financiar sectores con mayor proyección económica.
El académico advierte que los recursos destinados a sostener el precio de los combustibles podrían tener un impacto distinto si se canalizan hacia proyectos renovables, infraestructura energética, innovación tecnológica y formación de capacidades técnicas.
Esta reorientación, permitiría fortalecer la productividad y reducir la dependencia de actividades tradicionales.
El potencial hidroeléctrico y solar aparece como una de las principales ventajas comparativas del país. La generación de electricidad limpia no solo permitiría mejorar la seguridad energética interna, sino también abrir posibilidades para el desarrollo de nuevas industrias vinculadas a la economía verde.
Los informes del Growth Lab señalan que la recuperación boliviana requiere diversificar la estructura productiva y ampliar las fuentes de crecimiento. En ese marco, la energía renovable podría convertirse en un eje para atraer inversiones, desarrollar cadenas de valor y generar empleos asociados a sectores con mayor demanda tecnológica.
El análisis también destaca que la transición energética ya forma parte de las prioridades económicas de varios países. Gobiernos y empresas aceleran inversiones en fuentes renovables con el objetivo de disminuir su dependencia de los combustibles fósiles, reducir costos, cumplir metas ambientales y mejorar su competitividad en mercados internacionales.
Para Bolivia, ese escenario representa una oportunidad, pero también un desafío. El informe remarca que no basta con contar con recursos naturales abundantes; se requiere capacidad institucional, reglas claras, financiamiento, planificación territorial y una política energética articulada con las necesidades productivas del país.
La propuesta de Harvard plantea que el aprovechamiento de la energía limpia podría tener efectos más amplios que la simple generación eléctrica. También podría incidir en el desarrollo tecnológico, la formación de mano de obra especializada, la integración de regiones productivas y la creación de nuevos servicios asociados a la transición energética.
En el caso de la energía solar, el país cuenta con zonas de alta radiación que podrían ser utilizadas para proyectos de gran escala. En el ámbito hidroeléctrico, los recursos disponibles también son considerados estratégicos, aunque su aprovechamiento exige planificación ambiental, inversión sostenida y evaluación técnica.
Hausmann considera que Bolivia aún tiene margen para redefinir su modelo de desarrollo si logra aprovechar sus ventajas naturales con una visión de largo plazo.
Para ello, los informes sugieren avanzar en políticas que fortalezcan la productividad, promuevan la inversión y permitan al país insertarse en sectores vinculados al crecimiento sostenible.
El desafío central, según el análisis, consiste en transformar el potencial energético en desarrollo económico real. Esa tarea implica superar la dependencia de los subsidios, priorizar inversiones con mayor retorno productivo y construir una estrategia que combine sostenibilidad, innovación y competitividad.
En un contexto internacional marcado por la transición energética, Bolivia podría posicionarse como un actor relevante en la generación de energía limpia. No obstante, ese objetivo dependerá de la capacidad del país para ejecutar reformas, movilizar inversión y convertir sus recursos hidroeléctricos y solares en una base efectiva para el crecimiento económico.
Afirma Ricardo Hausmann
Bolivia puede convertirse en potencia de energía verde
> El informe advierte que el país debe reorientar el gasto destinado a combustibles fósiles y apostar por proyectos hidroeléctricos y solares para diversificar su economía, atraer inversiones y generar nuevas fuentes de empleo.
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