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Tras anuncio de nuevos embajadores

Piden reinstitucionalizar la carrera diplomática

El experto cuestionó la visión de convertir las representaciones diplomáticas en oficinas orientadas únicamente a la promoción comercial. Afirmó que la diplomacia cumple funciones estratégicas para el Estado que no pueden medirse en términos económicos.

El excanciller y diplomático de carrera, Jaime Aparicio, en entrevista con EL DIARIO consideró positiva la decisión del Gobierno de designar embajadores tras casi ocho meses de gestión, pero advirtió que el principal desafío será reinstitucionalizar la carrera diplomática. Sostuvo que las representaciones bolivianas en el exterior deben volver a estar respaldadas por funcionarios de carrera y no depender únicamente de designaciones políticas.

El anuncio del Gobierno de designar embajadores en países como Estados Unidos, Brasil y Chile y otros países fue valorado positivamente por Aparicio, quien consideró que la medida era necesaria para que Bolivia retome plenamente su política exterior y fortalezca sus relaciones con otros Estados. No obstante, advirtió que el verdadero reto será reconstruir la carrera diplomática y devolver la institucionalidad al servicio exterior.

Aparicio recordó que la decisión llega luego de casi ocho meses de gestión del presidente del Estado, Rodrigo Paz, y sostuvo que, aunque el nombramiento de embajadores era una medida de sentido común, Bolivia necesitaba dar ese paso para abrirse nuevamente al mundo, recuperar sus relaciones internacionales y fortalecer los vínculos con los países vecinos y con Estados Unidos.

Sin embargo, manifestó su preocupación por la posibilidad de que la mayoría de los nuevos embajadores respondan principalmente a criterios de confianza política del presidente.

Aclaró que esa situación no es anormal, ya que en varios países existen embajadores políticos, pero explicó que la diferencia radica en que estos trabajan junto a equipos conformados por diplomáticos de carrera.

Puso como ejemplo a Estados Unidos, donde pueden designarse embajadores de confianza política, mientras que el resto del personal pertenece al servicio diplomático profesional, integrado por funcionarios que ingresaron mediante la academia diplomática o por procesos de formación especializados.

Según explicó, esos funcionarios constituyen la memoria histórica de la institución, acumulan experiencia y garantizan la continuidad del trabajo diplomático, independientemente del gobierno de turno. «El gran reto, más allá de las personas y los perfiles que escojan, es reinstitucionalizar la carrera diplomática», afirmó.

El excanciller sostuvo que esa reconstrucción institucional es necesaria porque, durante los últimos 20 años, el servicio exterior fue perdiendo su carácter profesional.

Indicó que las embajadas fueron ocupadas por militantes políticos tanto en los cargos de embajadores como en gran parte de los equipos que los acompañaban, lo que terminó debilitando el funcionamiento institucional de las representaciones bolivianas en el exterior.

En ese contexto, afirmó que el Gobierno tiene la oportunidad de revertir esa situación y recuperar la carrera diplomática para que las misiones funcionen con criterios técnicos y profesionales.

Aparicio también señaló que el Estado invirtió recursos públicos en la formación de diplomáticos mediante la academia diplomática, por lo que dejar de utilizar ese personal representa un perjuicio para el país.

Explicó que la carrera diplomática se desarrolla de manera progresiva, comenzando desde cargos como tercer secretario hasta alcanzar responsabilidades de mayor jerarquía, permitiendo que los funcionarios adquieran experiencia a lo largo de los años.

A su juicio, reemplazar esa estructura por personas sin experiencia diplomática implica improvisar en un ámbito altamente especializado.

Añadió que los funcionarios de carrera no responden únicamente a un gobierno de turno, sino al Estado boliviano, aunque naturalmente ejecutan la política exterior definida por las autoridades elegidas democráticamente.

Asimismo, remarcó que esos funcionarios pueden ser evaluados y removidos cuando incumplen sus funciones, por lo que también existe un sistema de responsabilidades dentro de la carrera diplomática.

Finalmente, expresó su expectativa de que el Gobierno aproveche esta coyuntura para institucionalizar nuevamente el servicio exterior y conformar equipos técnicos permanentes en las embajadas.

Por otra parte, respecto a la demora en la designación de embajadores, el canciller del Estado, Fernando Aramayo, en entrevista en un medio digital explicó que el Gobierno postergó esos nombramientos debido a que, al asumir la Cancillería en noviembre de 2025, encontró deudas salariales tanto en el servicio exterior como en la institución.

Señaló que una de sus prioridades fue regularizar esas obligaciones, ya que la Ley Financial ya estaba aprobada y consideró que no era responsable avanzar con nuevas designaciones sin resolver primero esa situación.

Asimismo, atribuyó parte de los problemas administrativos a decisiones asumidas durante el gobierno transitorio de Jeanine Áñez. Afirmó que la desvinculación de funcionarios derivó en procesos que ocasionaron un daño económico al Estado y cuestionó que, durante esa gestión, se hubieran destinado Bs 45 millones a designaciones en el servicio exterior pese a tratarse de un gobierno de transición.

CASO RUSIA

En otro tema, Aparicio también se refirió a la controversia protagonizada por la exministra de Relaciones Exteriores, María Luisa Ramos, quien denunció que no pudo ingresar a la sede diplomática de Bolivia en Rusia para devolver su pasaporte oficial.

El excanciller atribuyó ese episodio al deterioro institucional del servicio exterior boliviano. «Se ha desmantelado la institucionalidad y el problema es que se los ha llenado de militantes del Movimiento al Socialismo», afirmó.

Según explicó, la falta de institucionalidad permitió que las divisiones políticas internas del oficialismo también se trasladaran a las representaciones diplomáticas.

Indicó que, durante la última etapa del MAS, las diferencias entre los sectores afines a Evo Morales y Luis Arce terminaron reproduciéndose en las embajadas, donde funcionarios identificados con una u otra facción protagonizaron conflictos internos.

Recordó que en el caso de la representación diplomática en Rusia existieron denuncias públicas entre la exministra y otros funcionarios, situación que, a su juicio, refleja esas disputas políticas.

No obstante, sostuvo que esos conflictos no impedían cumplir con la normativa vigente. Explicó que la exautoridad podía haber entregado el pasaporte diplomático mediante un apoderado que se presentara ante la Cancillería para devolver el documento y obtener el certificado correspondiente.

Aparicio señaló que los pasaportes diplomáticos pertenecen al Estado y no a las personas, por lo que las diferencias políticas o administrativas no justifican el incumplimiento de ese procedimiento.

Asimismo, calificó esos enfrentamientos internos como «una vergüenza», al considerar que reflejan el deterioro institucional del servicio exterior.

DIPLOMACIA Y COMERCIO

Otro de los aspectos que cuestionó el excanciller fue la visión de convertir las embajadas principalmente en oficinas orientadas a la promoción comercial.

Señaló que algunos nombramientos recientes dan la impresión de responder a esa lógica y mencionó el caso de un primer nombramiento para Washington, correspondiente a una persona especializada en otros temas, pero sin trayectoria en la carrera diplomática.

A partir de ello, manifestó que existe una idea de transformar las embajadas en una especie de agregadurías comerciales, criterio con el que dijo no estar de acuerdo. «La diplomacia no se cuantifica en términos monetarios», afirmó.

Explicó que el trabajo diplomático no puede medirse únicamente por cuánto dinero ingresa al país o cuánto cuesta mantener a un funcionario en el exterior.

Como ejemplo, indicó que una misión diplomática puede conseguir apoyo internacional para una reforma judicial, facilitar el respaldo de instituciones especializadas o generar cooperación técnica para Bolivia, resultados que tienen un alto valor para el Estado, aunque no representen ingresos económicos directos.

Añadió que la diplomacia también cumple la función de proyectar una imagen positiva del país en el exterior, aspecto que tampoco puede evaluarse únicamente mediante indicadores económicos.

En ese sentido, sostuvo que la forma de conducir las relaciones internacionales ya está consolidada en la mayoría de los países y no requiere ser reinventada.

Como referencia, mencionó que Perú y Chile cuentan con servicios diplomáticos profesionales conformados por funcionarios de carrera, estructura que, según afirmó, ha contribuido a posicionar a ambos países en el ámbito internacional.

Finalmente, reiteró que Bolivia debe aprovechar la designación de nuevos embajadores para recuperar la institucionalidad del servicio exterior, fortalecer la carrera diplomática y garantizar que las representaciones del país respondan a los intereses permanentes del Estado y no exclusivamente a intereses políticos de cada gobierno.

Ministro de Relaciones Exteriores, Fernando Aramayo.
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