La actual coyuntura que vivimos los bolivianos, nos lleva a reflexionar sobre la misión de la educación, y vale la pena preguntarnos ¿qué tipo de persona estamos formando?, ¿hacia dónde nos está llevando la educación escolar?, ¿cómo deberíamos vivir como ciudadanos? Y otras preguntas que surgen en la hora de pensar sobre el problema que estamos viviendo.
Cuando nos cuestionamos sobre el modelo de persona que estamos formando en nuestras unidades educativas, con seguridad nuestra respuesta es, formamos personas integras, con pensamiento crítico, con inteligencia emocional, con valores humanos y con una ética intachable frente a los demás. Estos ideales escritos en los proyectos educativos, al parecer son simples ilusiones, sin acciones pedagógicas palpables, quedándose en buenos deseos.
Necesitamos de manera urgente, cambios cualitativos en los proyectos educativos y curriculares de aula, que transiten de la pedagogía tradicional hacia una pedagogía orientada a desarrollar el pensamiento crítico, que promueva que el ciudadano analice la realidad, cuestione la información, no se deje manipular por la inmediatez y deje de ser un sujeto pasivo.
Es necesario un aprendizaje crítico que despierte la conciencia social en las aulas, y sea capaz de promover el diálogo como estrategia de construcción de conocimientos y de solución de conflictos. Asimismo, desarrollar la empatía como recurso pedagógico para fortalecer la corresponsabilidad hacia una educación comunitaria y recíproca.
Lamentablemente, hoy vemos con mucha impotencia la falta de diálogo entre ciudadanos, nadie escucha, ni hay propuestas sinceras, solo imposiciones, órdenes y castigo y lo más triste es que algunos ciudadanos viven según las expectativas y mandatos de los demás, bajo el efecto de la heteronomía del vivir con un falso yo. Y las redes sociales están conduciendo a los ciudadanos a tomar decisiones equivocadas, como la que se escucha decir: van a privatizar la salud, la educación, el agua y el aire que respiramos. Bajo esta imaginaria y equivocada información, empiezan a sentir miedo y tristeza, dando lugar a movilizaciones sociales, carentes de sentido, ya que no cambiará la realidad.
Por lo tanto, necesitamos ser empáticos, haciendo el bien a los demás, fomentando una ciudadanía con ética, responsabilidad compartida y solidaridad en la hora de tomar decisiones en beneficio de la población. Una educación que despierte la conciencia ciudadana, siendo respetuosos con los derechos y obligaciones que tiene cada persona y, sobre todo, aprender a cumplir con las normas y leyes del estado, que guían y regulan nuestra conducta, garantizando la convivencia pacífica y el orden que debe reinar en un estado de derecho.
El autor es maestro y magíster en políticas de formación docente.
